Lobo estepario atemorizado: Lagos cumple seis meses en el poder

Patricio Navia

Revista Capital, Octubre del 2000

 

Los primeros seis meses del gobierno de Lagos pueden fueron el primero de doce rounds a disputar por el presidente socialista. Porque entró golpeando con fuerza, mostrando gran manejo de piernas y haciendo despliegue de un buen estado físico, dio la impresión que quería ganar por knock out en el primer asalto. Pero el presidente pareció olvidar que a diferencia del box, aquí no existe el K.O. y los 12 rounds son obligatorios.

 

Lagos asestó buenos golpes, pero con tanto juego de piernas se enredó y tropezó sólo. No recibió ningún derechazo que le hiciera daño, pero su caída accidental fue embarazosa. De tanto querer controlar los eventos, terminó descontrolándose él.  Es que Lagos quiso ser delantero, mediocampista, defensa y arquero a la vez. Y cuando lo estimó necesario, también asumió de director técnico, preparador físico y aguatero.

 

Para demostrar que la caída no le había hecho daño, decidió aclarar las cosas: “el que gobierna soy yo... las señales las doy yo y son buenas” y “las cosas se van a hacer como digo yo.” En un país donde los dos presidentes anteriores demostraron un cuidado excesivo en no ofender la sensibilidad de la “familia militar,” estas declaraciones sacaron merecidos aplausos. Pero más que indicar fortaleza, estas intervenciones demuestran temor a perder el control de la situación.

 

Para el segundo round, Lagos puede corregir algunas falencias. Deberá asestar menos pero más contundentes golpes. Y tendrá que disminuir su intensidad si no quiere llegar agotado al final. Aunque sus niveles de aprobación han caído y haya cometido algunos errores, el presidente sigue generando confianza. Si en la bolsa hubiera acciones “Lagos,” la recomendación sería “comprar.”

 

Durante las primeras semanas del gobierno, Lagos solo tuvo aciertos. Desde la celebración en el Bellas Artes hasta la apertura de La Moneda, el presidente parecía tener la receta del éxito. Cuando se arriesgó y le dio un ultimátum a la ministra de salud para terminar con las colas en los consultorios, la popularidad de ambos se fue al cielo. Las colas no se acaban por decreto, se necesita más recursos y más eficiencia en el manejo de los mismos, pero Bachelet logró una legitimidad que no goza ningún otro ministro.

 

En el gabinete el presidente evidencia su flanco más débil. Para un hijo único, académico acostumbrado a la soledad y político ajeno al ajetreo partidista, trabajar en equipo es difícil.  Pero Lagos, el lobo estepario por antonomasia, decidió complicar más las cosas cuando eligió ministros jóvenes de poca experiencia política y escasa cercanía con el presidente. Es más, seis de sus 16 ministros son hijos de políticos conocidos o servidores públicos importantes de antaño (Aylwin, Bachelet, De Gregorio, García, Krauss y Orrego) que tienen tendencia a ver al presidente más que como un par, como a un tío. Sus padres serían los pares de Lagos, no ellos. Y aunque es bueno que haya juveniles en la selección adulta, éstos rinden más cuando son acompañados por jugadores experimentados.

 

Aunque su decisión de escoger un equipo joven donde las mujeres gozaban de un rol privilegiado fue ampliamente celebrada, el presidente tal vez también optó por ese camino para evitar que su liderazgo fuera eclipsado por sus ministros. Después de marzo, y en parte debido a la inexperiencia de su gabinete, Lagos decidió privilegiar un estilo de “micromanagement.” Más que gerente de una empresa o el presidente visionario que mira el 2010, Lagos en ocasiones se comportó como capataz de fundo.

 

Esto puede ser por su estilo personal o bien porque en el fondo no tenía la suficiente confianza en su gabinete. Los problemas comenzaron donde era obvio, con su ministro estrella. Soledad Alvear, monolingüe y sin experiencia internacional, fue a Cancillería. Su deseo excesivo de protagonismo y su férreo círculo de asesores se multiplicaron después de su participación en la segunda vuelta. Pero una buena política comunicacional requiere que haya algo que mostrar. Cuando recién comienza el gobierno es momento de trabajar, no de dar entrevistas a los medios. La Canciller además anotó a su haber el cuestionable nombramiento de su amiga Gabriela Ritourt contraviniendo la ley que requiere que el director de Pro-Chile tenga título profesional. Así, la promotora de la reforma del poder judicial no trepidó en buscar un resquicio legal para nombrar a su amiga: en casa de herrero, cuchillo de palo.

 

Pero el mayor problema de Alvear es ser la esperanza de un partido en problemas. Mientras Longueira afila dientes y anuncia una heroica toma del morro del centro político, la DC ha optado por pedir el más ineficiente de los subsidios para salir de la crisis. El principio “el que tiene mantiene” no sólo desincentiva la libre competencia (mientras más competencia, mejor servicio) entre los partidos al interior de la Concertación sino que además premia la antigüedad y no el desempeño en el cargo. Un partido que subsidia de esa manera a sus alcaldes no puede tener un ministro de educación que le pida a los profesores que mejoren su gestión para mejorar sus salarios.

 

A los desaciertos de Alvear y Aylwin, la DC suma la temprana sobre exposición del ministro de la vivienda. Como alumno de Harvard, Orrego anunció que quería ser presidente de la república. Nada nuevo. Todos los chilenos queremos ser presidentes. Pero no se trata de querer llegar primero, sino de saber llegar. Orrego tiene futuro, pero necesitará su travesía del desierto para ganar humildad, sabiduría y paciencia. La otra mujer DC en el gabinete, Alejandra Krauss, disputa con Jaime Campos el título de ministro más prescindible. Pero el PDC ha anunciado que defenderá a fondo a sus ministros, alcaldes y, claro está, funcionarios públicos en general. La defensa de los derechos adquiridos en el pasado convierte a los DC en los neo-momios.

 

La política del subsidio a granel la compró Lagos. Aunque sabe que la libre competencia es la mayor herramienta para mejorar la gestión y maximizar la rendición de cuentas, Lagos privilegió el orden y el centralismo por sobre la participación. Olvidando que su gran triunfo se dio luego de haber escuchado el mensaje de la gente en la primera vuelta, Lagos parece querer esmerarse en no dejar decidir al electorado.

 

El presidente tiene razón al sugerir que nadie vende su voto por un bono de $10,000 pesos. Pero su posición frente a la negociación de las municipales supone que la gente si sigue órdenes de partido o de La Moneda. Mucho mejor le hubiera ido a la Concertación si hubiera privilegiado la competencia entre sus distintos candidatos. Tal vez hubieran perdido municipios, pero habrían ganado legitimidad y hubiera mejorado la calidad y el compromiso de alcaldes y concejales.

 

La primera vez que hizo un llamado de atención a los militares, su popularidad subió y logró su objetivo. Después de una seguidilla de regaños a militares, políticos de la Concertación, líderes de la oposición, camioneros, empresarios y estudiantes, sus regaños ya ni siquiera salen en la prensa. Lagos debería utilizar sólo una vez más en lo que queda del año su estrategia de presidente portaliano. Y los destinatarios deberían el PS y el PPD.

 

El PPD ganó reputación denunciando la corrupción y promoviendo la probidad. Pero cuando el alcalde González fue sancionado por el tribunal de Viña del Mar, los acusadores del PPD llamaron a no apurar juicios, a tener paciencia y a esperar que los tribunales indagaran. La ambivalencia del PPD fue una mala señal enviada por el partido oficial del presidente. El nerviosismo del ministro Eyzaguirre al anunciar las medidas para paliar la crisis y las continuas descoordinaciones de García en La Moneda evidencian un problema más profundo del PPD: un partido político que no invierte en la formación de políticos de carrera no puede tener crecimiento a futuro.  Si para crecer un país necesita gastar más de un 20% de su producto en inversión, los partidos no pueden pretender crecer sin invertir. En Chile no hay partido que invierta más en la formación de cuadros que la UDI. Lo que funciona para una familia, una empresa o un país, también funciona para los partidos políticos. La DC ha sido lo que ha sido porque la Falange se dedicó a formar gente (y en el camino formaron a los líderes del MAPU y la IC que hoy controlan el PS y buena parte del PPD).

 

El PS en cambio, después de 10 años de cohabitación entre renovados y auténticos ha decidido airear sus diferencias en público. Y nada mejor para pelearse que las sanitarias que quedan por privatizar. Después de aceptar a regañadientes (pero sin grandes discrepancias públicas) las privatizaciones en los 90, el PS ha jalado a ciertos DC que andan en busca de banderas que enarbolar para defender las sanitarias de la VII y VIII región. Pero el problema de fondo es más serio. En el PS muchos creen que el mercado no funciona. Todos creen que el estado debe regular, proteger a los más necesitados y asegurar igualdad de oportunidades, pero muchos siguen viendo en el mercado al enemigo y sueñan con el día que vuelvan los cordones industriales y los obreros, entonando “venceremos, venceremos” marchen por las grandes alamedas a construir la patria nueva. 

 

A ese problema existencial del partido de Allende se suma el desperfilamiento de uno de sus ministros. Carlos Cruz sucede a Lagos en OOPP, pero sólo aparece en la TV cuando se habla de Tribasa y su subsecretario se roba las cámaras cuando hay inundaciones y catástrofes. Carlos Cruz necesita cambiar su imagen, pero no es una gran idea contratar parientes como asesores. José Miguel Insulza, en cambio, ha consolidado su poder en el gobierno. De ministro del interior ha pasado a Premier, pero aunque los héroes se hacen en la línea de fuego, también allí se dan las bajas. Si Insulza quiere mantenerse como presidenciable, tendrá que exponerse menos. Luego vendrá la preocupación de cómo hacerlo más marketeable, enseñarle a modular, quitarle los tic nerviosos y ponerlo a dieta.  Bachelet y Solari han demostrado ser agradables sorpresas.  Entraron al gabinete casi al final, pero ahora Bachelet es la mejor evaluada y Solari ha llevado uno de los temas más difíciles del gobierno, la reforma laboral, sin descarrilarse ni una sola vez.

 

El buen posicionamiento de tres ministros PS no significa que el militante del partido se sienta a gusto con este gobierno socialista. Lagos sabe que para poder ordenar el país necesita primero alinear a sus propios partidos detrás de su “visión de país.” De ahí la necesidad de que el PS se reúna nuevamente en Chillán como en 1967, pero esta vez para validar un estado pequeño pero musculoso.

 

Lagos, ahora que empieza su segundo round necesita primero ordenar a su gente para poder luego ordenar el país. A la DC debe anunciarle que el poder político se gana en elecciones competidas y se mantiene con buena gestión no con acuerdos cupulares. Al PPD hay que transformarlo en partido. Si no forman gente, si no potencian y encauzan liderazgos naturales jóvenes y de recambio, no serán el gran partido de centro e izquierda del futuro. Y al PS hay que ayudarlo a entender que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. A su equipo económico debe recordarle que Estados Unidos, Japón, el Chile de Pinochet y aún el departamento de economía de la Universidad de Chicago usan políticas keynesianas de vez en vez para volver a poner la casa en orden para ayudar al mercado a funcionar mejor.  Sin subsidios los chilenos jamás hubieran llegado a Chicago a aprender las maravillas del libre mercado.

 

De poner orden en la Concertación pronto, Lagos no resentirá los golpes que reciba en el segundo round, podrá seguir anotando puntos con legislaciones necesarias, ideas innovadoras y probado liderazgo.  Sólo así se anotará también el segundo round para llegar 2-0 arriba cuando se cumpla su primer año de gobierno.