Poemas militantes, poemas panfletarios

Patricio Navia

Revista Capital, Octubre del 2000

 

Observar la polémica en torno al Premio Nacional de Literatura es como ver un partido entre Lituania y Letonia. Da lo mismo quién gane. Pero aquí sólo hubo juego sucio y el árbitro quiso meter un gol.

 

No es la primera vez que un premio provoca controversia. Es más, todos los premios tienden a dejar heridos. Pero la reyerta esta vez fue culpa del gobierno. La ministra de educación debió haber dicho a los otro cuatro miembros del jurado que mientras al menos 3 de ellos no se pusieran de acuerdo, no habría ganador.  Al alzarse como juez para dirimir el empate, Aylwin se enemistó con los terroristas de la lengua cuya proclama es ¡Premio Nacional o Muerte! La ministra siguió el paso de su padre, que como político ambiguo (“justicia en la medida de lo posible”) llegó lejos, pero cuando emitió juicios, se confundió entre el malls, el mercado cruel y el golpe militar.

 

Anunciado el premio, Lafourcade denunció a Zurita como mal poeta. Eso provocó confusión. El chileno medio entendió que Zurita se había quedado con el premio derrotando a Lafourcade.  Pero “Palomita Blanca” no ha sido considerado nunca para ningún premio que no sea el del limón. Ese se lo han ganado el Chino Ríos y el Pelao Acosta, pero Lafourcade sigue esperando desde su trinchera a que el país le reconozca sus méritos.

 

Zurita, en cambio, es un gran poeta (aunque no es Dante) pero no corresponden las comparaciones con la Mistral o Neruda, como lo intentó hacer el barbudo laureado. Al masturbarse en público y echarse ácido en la cara, demostró ser autoflagelante por antonomasia. Neruda, de estar vivo, con su pasión por los asados y las aventuras amorosas, sería un autocomplaciente.

 

Cuando a Lafourcade se unieron otros escritores, se confundió la opinión pública y rápidamente procedió a preocuparse de otra cosa. A su vez, molesto por el ataque, Zurita salió a defender al jurado. Mal. Tendría que haber callado. Lo suyo es la poesía. Pero Lafourcade ha demostrado ser mejor torero que escritor. Y si Zurita es autoflagelante, Lafourcade es un experto en distribuir ácido a granel.

 

El último libro de Zurita, “Poemas militantes” es un  panfleto, ¡qué duda cabe! Es malo, fácil y barato, aunque tiene la ventaja de ser corto. Sus apariciones en campañas políticas han transformado a Zurita candidato a la “batucada de plata” junto a Myriam Hernández y Patricia Maldonado.  Pero el premio se lo ganó por su producción anterior. “Purgatorio” y “Anteparaíso” es magnífica poesía con fuerza y pasión. Aunque no hubiera escrito nada más, Zurita ya se había ganado un lugar entre los grandes poetas chilenos del siglo.  Si se quiere premiar la calidad, Zurita clasifica. Si se quiere premiar a los que sólo escriben cosas buenas, entonces varios tendrían que devolver sus premios.

 

Muchos pensaron que el premio debió ir a Volodia Teitelboim, por su trayectoria y su producción, y porque lo necesita más. Pero esto no es una jubilación digna. Es cierto que en muchos casos se necesita una pensión de gracia por grandes contribuciones al país.  Se la dieron a Aylwin y la goza Pinochet. También la podrían recibir escritores. Pero, por qué ellos y no la señora de la feria o un profesor básico.  Por otro lado, no porque Teitelboim lo merezca, dárselo a Zurita fue un error. Hay varios con suficientes galardones.

 

Dado el aparente empate del jurado, la ministra se encontró con una oportunidad propicia, pero movió mal sus piezas. Tendría que haber usado la página web del Ministerio (donde también deberían estar las biografías de los ganadores pasados) para que el público votara o al menos opinara. Pero Aylwin optó por decidir ella.

 

Por otro lado, promover la participación ciudadana puede dar pie para que brigadas de seguidores de Teitelboim y Zurita se enfrenten recitando poemas y ensayos, Huidobrianos y Mistralianos miren de lejos mientras DeRokha boys atacan a Nerudianos, Fuguetfans defiendan los Malls de la ira furibunda de las brigadas Moulián, Lemebel y Eltit, la UDI encuentre un poeta Opus Dei mártir y Parra nos diga que comienza la batalla campal.