Novela aristócrata costumbrista de izquierda

Patricio Navia

Revista Capital, Septiembre del 2000

 

“Difícil envoltorio” de Mónica Echeverría (ME) merece un sitial especial entre las novelas históricas comprometidas. Con personajes estereotipados al más puro estilo costumbrista donde los malos son incorregibles, a los perdedores les llueve sobre mojado, los buenos son telenovelescamente nobles y la joven protagonista está confundida pero con enormes ganas de vivir, en esta obra de “rotos” y “pitucos” la narradora omnisciente se identifica con los pobres.

 

La voz narrativa es compartida, además, por otras tres mujeres. Pero todas hablan, piensan y narran igual. El lector se confunde y no sabe quién está narrando. A ME le faltó ir a un taller literario. Parece que el narrador omnisciente invade a los otros y los fuerza a tener una sola voz. O bien, Echeverría intenta producir varias voces narrativas, pero sólo aparece la suya, la aristócrata que escribe una novela costumbrista en el siglo XXI.

 

La obra se salva de caer en la categoría de novela rosa porque incluye un componente politically incorrect. Aunque la historia de una abuela que le pide a la madrina que cuide a la nieta pero luego ésta la da en adopción es característica de los culebrones, ME le añade complejidad al relatar que los padres de la menor fueron víctimas mortales de la represión política de la dictadura. Los padres adoptivos, por el contrario, eran pinochetistas acérrimos y como la gran mayoría de los chilenos en su momento prefirieron mirar para otro lado cuando se violaban los derechos humanos. Aunque sospechaban el origen de la hija adoptada, prefirieron creer el cuento de la cigüeña.

 

La compleja herencia de violaciones a los derechos humanos y transformaciones sociales y económicas de la dictadura hacen difícil escribir y analizar la historia de ese período. Pero ME no intenta un análisis histórico.  Aunque el relato aparentemente está basado en un hecho real y la autora argumenta que lo suyo es literatura testimonial (o crónica novelada), es novela sola, sin apellidos.

 

La confusión la crea la misma ME. Primero dice que “fueron otras voces las que me eligieron como instrumento para narrar lo suyo,” pero después nos advierte que su “propia voz irá llenado vacíos” y sus “emociones y sueños se harán presentes en el relato.”  O sea, le contaron una historia y ella le puso de su propia imaginación. Es más, en ocasiones las cosas que la autora imaginó resultaron haber ocurrido en la realidad. O sea, además de escritora, pitonisa. Así y todo, “Difícil envoltorio” es novela. La literatura testimonial es otra cosa: los autores no tienen licencia para inventar cosas, llenar vacíos ni dar lugar a sus sueños. 

 

De ahí que en este caso sea particularmente preocupante que ni ME ni sus editores hayan encontrado cuando menos problemático mantener el verdadero nombre de la protagonista e involucrar a otras personas, como el Director de Investigaciones, en el grupo de los que colaboraron, aunque fuese por omisión, con la desaparición de personas.  Si ME quería escribir un libro denuncia, tendría que haberse ceñido a los hechos y no darle paso a su imaginación y sus sueños.

 

De no ser por el componente político que despierta, justificadamente en algunos y patéticamente en otros, ataques de llanto e histeria, esta novela no sería muy diferente al affaire de Ivette Vergara. Pero Echeverría, que vivió cuatro años de autoexilio en Inglaterra, pretende vendernos una novela como si fuera literatura testimonial. Entre las víctimas de la dictadura, están los asesinados, los torturados, los miles de exiliados con la L en el pasaporte, los que se fueron temiendo por su vida y los que perdieron sus trabajos por motivos políticos. Pero los que se fueron porque no les gustaba lo que pasaba en el país son desencantados, no exiliados.  Si alguien se va hoy porque encuentra este país demasiado conservador, pechoño y cínico, no es exiliado. Puede ser una persona sensata y hasta admirable, pero no es un exiliado.

 

La ambigüedad que se genera al referirse al exilio se evidencia también en la obra misma. ME trata de vender gato por liebre. Lo suyo es una novela rosa con componente político basada en un hecho real. No es literatura testimonial. No estamos ante la competencia de Patricia Verdugo ni el Informe Rettig.  Esto es más bien una novela llena de estereotipos, narradores aburridos y personajes carentes de la complejidad a la que estamos acostumbrados los que tratamos diariamente con otras personas.