Escritores vemos, eyaculadores no sabemos

Patricio Navia

Revista Capital, Agosto del 2000

 

“La sexualidad secreta de los hombres” de Enrique Evans y Marco Antonio de la Parra (E&P) es una respuesta al best seller de Politzer y Weinstein (P&W) “Mujeres, la sexualidad secreta”.

 

Pero mientras el libro de P&W fue resultado de meses de trabajo, detallada investigación, innumerables entrevistas y cuidadosa escritura y redacción, pareciera que E&P hicieron el suyo en una semana. Sabemos que aunque a las mujeres les cuesta más producir orgasmos, pueden disfrutar también de la multiplicidad de los mismos, pero lo que hicieron E&P bate el récord de las eyaculaciones literarias precoces.

 

Las 270 páginas podrían haber sido menos de 200 si no se hubiera utilizado letra tamaño silabario. Y entre las 11 referencias bibliográficas no hay ninguna publicación directamente académica o que discuta específicamente la sexualidad chilena. Aunque éste no tenía para qué ser un libro docto, los autores, que saltan de la primera persona singular al plural en forma desordenada, escriben con una liviandad y facilidad que recuerda más un camarín de liceo que una sala de biblioteca. Y pese a la profesión de uno de los autores, los lectores no debieran esperar ni la calidez ni el profesionalismo de un diván psicoterapeútico.

 

Así y todo, el mayor problema de este libro no radica en su rápida y pobre preparación (como aprendiera Wynona Ryder en “Reality Bites,” “el sexo es como la pizza, aunque sea mala, siempre es buena”) sino en lo reducido de su audiencia potencial.

 

E&P se dedican a discutir la sexualidad y los traumas generacionales de chilenos cincuentones. No hay referencias a la sexualidad de los jóvenes de hoy, ni siquiera de los adultos jóvenes. Más que Pamela Anderson o aun la ya cuarentona Sharon Stone, nuestros autores se hicieron hombres soñando con Brigitte Bardot y Jean Fonda. El efecto de la silicona, las fotos en Internet, el censurado porno televisivo o el recordado Sabor Latino no acompañaron sus fantasías adolescentes y juveniles.

 

Al no utilizar ni entrevistas ni estudios específicos, sino sólo lo que pudieron recolectar aquí y allá, ni siquiera intentan un diagnóstico acabado del chileno cincuentón. Dicen que buscaron en Internet, pero parece que el motor de búsqueda no era muy bueno (deberían probar www.brujula.cl) porque la red está llena de estudios serios sobre la sexualidad masculina, y femenina. Y si el costo del SLM hacía una investigación acuciosa online demasiado cara, los autores bien podrían haber consultado con chilenos expertos en el tema.

 

Además, E&P ni siquiera representan a todos los cincuentones. Tal vez hubiera sido mejor un libro donde personajes notables y menos notables hablaran de su sexualidad. ¿Se sentirán representados Don Francisco, Antonio Vodanovic, el Pelao Acosta, Pedro Lemebel, Andrés Pérez o José Antonio Viera Gallo? Un libro de entrevistas a Joaquín Lavín, Enrique Correa o algún otro que haya procreado 7 o más hijos (con madres diferentes, como en el caso de Correa) nos daría más luz respecto al tema que los lugares comunes visitados por la pluma de E&P.

 

Por otro lado, suponer que todos los jóvenes despiertan de uno u otro modo a su sexualidad a través de nanas y empleadas es dejar de lado a la mayoría de chilenos. Además de cincuentones, pijes.

 

Aunque la Casa de Vidrio y los cafés con piernas han dejado en evidencia que necesitamos discutir abiertamente sobre la sexualidad y los deseos de la carne (aunque le duela a la iglesia), pareciera ser que las JOCAS y la militante oposición de Carlos Bombal son las únicas veces que aparece el tema en el debate nacional. 

 

En un país donde algún senador o el mismo Evans se retratan en calzoncillos sin molestarse en usar boxers o Calvin Kleins (además de calzoncillos, ¿usará también camisas o trajes jetones el senador Viera Gallo?), se necesita un libro que ayude a ordenar el debate y contribuya con ideas. Éste no lo hizo.

 

Después de aprovecharse de la moda de las “cartas abiertas” y de la “sexualidad”, De la Parra probablemente ahora preparará un análisis psíquico de Ema Pinto o la verdadera historia del Chupacabras. Le haría bien tratarse antes contra la eyaculación literaria precoz.