El diablo vendiendo cruces

Patricio Navia

Revista Capital, Mayo del 2000

 

Desafueros. Ocho cuentos para desnudar a los políticos (Planeta, 1999)      

 

Chile en la mira. Proposiciones y conjuros para sobrellevar el fin de siglo (Planeta, 1999).

 

Ver al diablo vender cruces causa sospecha. Lo mismo ocurre cuando los escritores hablan de política. 

 

Pese a las expectativas generadas por el reconocido talento de los autores congregados en Desafueros, la narrativa resultante es tan forzada como insípida. El libro demuestra que, a diferencia de los sastres, los narradores no debieran producir por encargo. Que un narrador escriba de políticos es como que Giorgio Armani diseñe para Don Francisco. Armani diseña, Don Francisco verá si le viene la ropa. Que los cuentistas escriban, después veremos si salen antologías temáticas. Son excepción López-Aliaga y Darío Oses, que narran la muerte del gato de un diputado y los traumas del esposo de la presidenta respectivamente, porque son cuentos sobre personas más que sobre políticos.

 

En Chile en la mira algunos notables escritores de ficción piensan el país con resultados lamentables. Un pintor impresionista no debiera dedicarse a cosechar flores. Si la nación da para hablar, que escriban novelas y cuentos. Jamás leí un ensayo de Tolstoi, pero en La guerra y la paz describe genialmente la Rusia de la era napoleónica.

 

En su ensayo, Edwards expresa nostalgia por un Chile de Ñuñoa que nunca existió. Aunque reconoce que no sabemos si la democracia del siglo XX fue realmente participativa, igual la añora. Pero las nostalgias por el Chile democrático “de antes” son infundadas. En 1964 sólo votó el 61.6% de los mayores de edad, en 1970 el 56.2% y en marzo del 73 un 69.1%. En 1988 fue un 89.9% y en 1999 un 73.6% (con la conocida ausencia de los jóvenes no inscritos). La mortalidad infantil en 1960 era de 126 por mil nacidos vivos, y sólo el 2% de los estudiantes universitarios en 1965 provenía de la clase trabajadora. Hoy la mortalidad infantil es de 10 por mil y hay más cupos de universidad que solicitantes. Falta mucho por hacer, la pobreza no escasea y las desigualdades no disminuyen. Pero hoy Chile está muchísimo mejor que el de antes de 1973. 

 

Así como Ñuñoa fue realidad sólo para funcionarios públicos y empresarios protegidos por un estado benefactor mientras la sustitución de importaciones traía pobreza al resto del país, Edwards es un escritor notable cuando narra las experiencias que él mismo vivió. Ni Ñuñoa existió mucho más allá de su plaza, ni Edwards es genial inventando historias. En Persona non grata despertó el odio de apologistas de la revolución cubana que ya en 1970 comenzaba a oler mal, y en Adiós, poeta se ganó las críticas de otros que se sentían más cercanos a Neruda. Sus detractores dicen equivocadamente que no se merece el Premio Cervantes, pero saber contar historias, inventadas o reales, es lo que se premia y Edwards ha logrado momentos notables. Así y todo, para pensar a Chile y entender el momento actual del país, con ser un buen narrador no basta.

 

Diamela Eltit prefiere abstraerse en difícil: “habrá que pensar a un considerable número de cuerpos que se mantienen refractarios a pactar pacíficamente con los hábitos que el sistema tecnologizado les propone.” (¿qué es un cuerpo refractario?) Si Eltit tuviera una página web sería www.Lumpérica.subalterna.marginal.refractaria.cl. Más aún, la autora olvida que este siglo de “inclinación a la crueldad, la dominación y la avaricia” (como si los siglos anteriores no lo hubieran sido) fue también el de la penicilina, la electricidad, el agua potable, la educación gratuita y obligatoria y el derecho a voto de la mujer.

 

Mucho más fiel a su oficio son Pedro Lemebel con su ensayo sobre las barras bravas del fútbol y Carlos Franz con su narración de la visita de Rushdie a Chile. Ellos se dedican a lo que saben: narrar cuentos, contar historias.

 

Tal vez el diablo vende cruces porque quiere dinero extra. Pero equivoca el camino, lo suyo es vender pecados. También equivocan el camino los narradores que escriben ensayos y los cuentistas que escriben por encargo. Es cierto que hay políticos literatos y escritores que además son hombres de la cultura y grandes pensadores, pero no se necesita ser un gran pensador para ser un buen novelista o cuentista. Tampoco el ser buen narrador lo convierte a uno necesariamente en un pensador.  Sin duda, el saber articular ideas le facilita la vida a los pensadores (y a los lectores), pero el saber escribir no garantiza que uno diga cosas importantes sobre la realidad nacional. Los buenos narradores deberían pensarlo dos veces cuando se les ofrece la posibilidad de explicar el país. El diablo a vender pecados (que mercado hay) y los escritores a producir narrativas, que cuando son buenas, venden.