La República de Chile versus Chile.com

Patricio Navia

Revista Capital, Edición Especial, abril del 2000

 

La transición llegó a su fin simbólico cuando Lagos entró a La Moneda el 11 de marzo del 2000.  Ahora tiene más sentido hablar de consolidación democrática y mecanismos de rendición de cuentas más eficaces. El bien común nacional no se determina en cuarteles, el COSENA, la CPC o la CUT, sino a través del voto libre e informado de los chilenos.  La consolidación democrática se logra con la elección directa de todos los gobernantes (sin vitalicios ni designados) y con la supremacía del poder civil sobre el militar, en un marco de instituciones sólidas y respeto irrestricto a los derechos individuales, tanto derechos humanos como propiedad privada.

 

El abuelo y su república

Aylwin asumió la presidencia para reestablecer la república democrática, respetuosa de los derechos humanos y con elecciones regulares. Reforma tributaria, democratización de municipios, economía social de mercado, Informe Rettig, reparaciones simbólicas y la justicia en la medida de lo posible fueron su legado.  Así el viejo zorro político, el otrora senador maquinero, golpista por omisión primero y luchador por la recuperación democrática después, refundó Chile. Pero Aylwin era un político tradicional, no un experto en capitales de riesgo, concesiones privadas de infraestructura, acuerdos de libre comercio o reforma educacional. Boeninger y Correa en lo político, Cumplido en lo jurídico y Foxley en lo económico se preocuparon de asesorar a este presidente “chapado a la antigua.” Sus quejas contra el mercado cruel y su desprecio por los malls caracterizaron a este hombre que representó el intento de una generación por corregir sus errores históricos. Aylwin fue el último presidente del Chile de antes. Por eso lo queremos y respetamos, como se quiere al abuelo, pero su opinión ya no pesa a la hora de tomar decisiones (ni en la DC, ni en la Concertación, ni en el país.)

 

El gerente y su empresa

Frei en cambió llegó a crear el Chile S.A y quiso ser su primer gerente. Pero el ahora senador vitalicio ejemplificaba al empresario de los 80. Su éxito estuvo asociado siempre al estado subsidiario. Sigdo Koppers es después de todo una empresa de la vieja economía, con maquinarias, construcciones y muchos cascos. Frei, que no salió a estudiar su MBA a Estados Unidos como su hermano Francisco ni se dedicó a la política desde joven como Carmen, heredó el nombre de la primogenitura. Y ese fue su mejor capital. Lo invirtió bien y se convirtió en gerente de Chile S.A. con la más alta mayoría electoral del siglo.  Pero a diferencia de sus colegas, no podía despedir subalternos. El General Stange le contestó su petición de renuncia con un No que a Frei le dolió casi tanto como a Pinochet el rechazo del 88. Aunque privilegió la modernización y el crecimiento (en 1997 el PIB era un 30% más que en 1993), su período quedó marcado por el juicio al general Contreras, la absolución presidencial en los Pinocheques (e indirectamente en otros casos de posible corrupción y enriquecimiento ilícito durante la dictadura), su oposición al juicio político a Pinochet en la Cámara y el arresto del vitalicio en Londres.  En los libros de texto escolar, Frei será la reforma al sistema judicial, la inversión en infraestructura, sus viajes para abrir mercados y sus gloriosos primeros cuatro años de gobierno, aunque Pinochet y los derechos humanos enlodarán más a su gobierno que al de Aylwin.

 

Lagos entre la República y el Chile.com

Esta es otra cosa, decía el senador Gazmuri, mientras se paseaba cual ciudadano común y corriente por la Plaza de la Constitución el sábado 11 de marzo cuando caía la tarde. “Esto es la cercanía con la gente, senador” se acercó a decirle un señor de edad que después le contó que había sido del Grupo de Amigos Personales de Allende. Gazmuri, hablaba con el GAP, comía un helado (que pagó pese a la insistencia de la vendedora), abrazaba a la gente, incluido un estudiante que vestía una polera del otro GAP. 

 

Minutos antes de la llegada de Lagos, algunos personeros e invitados miraban desde las ventanas y balcones del palacio a ver como nosotros (los que los pusimos ahí) esperábamos al presidente en la plaza. “No entienden nada. ¡Bajen a estar con la gente, desubicados!” Grité. Pero la voz de Silvio Rodríguez, “esto no está muerto, no me lo mataron,” acalló mi arenga.  Cercanía física con la gente, bien; ministros en el balcón, mal.

                                                                                         

Y luego Lagos, ya en La Moneda saludaba a la multitud: “estoy aquí para invitarlos, desde esta vieja y noble casa, desde estos añosos balcones, por donde han pasado los mejores sueños de Chile...” Se elevaba con cada frase. Lagos el presidente, en su aura republicana, entraba con paso firme a la memoria histórica nacional. Va a ser fácil hacerle un monumento a Lagos, pero la gente lo confundirá con el de Portales.

 

Y ya desde el Olimpo, en el radiante palacio blanco, “el ex candidato natural,” prometió cercanía con la gente. Recién ascendido, el presidente prometió descender para acercarse a la gente y liderar la construcción de un nuevo país. Ese discurso y el del día siguiente en el Bellas Artes, evidencian los dos polos del proyecto de país del tercer presidente de la Concertación, el segundo socialista y el primero del siglo XXI. Si puede mantener el equilibrio entre ambas visiones de país, su gobierno será un éxito. Si se inclina mucho para algún lado, se puede caer la carga y el presidente comenzará a ver disminuir su nivel de popularidad y su capital político.

 

Lagos el republicano, el presidente presidencial, prometió liderar un Chile innovador, creativo, audaz, imaginativo. El hombre que gusta de la banda y la piocha ha prometido solucionar las necesidades reales de la gente.  Para marcar diferencias, cambió la gala del Municipal por la Estación Mapocho.  Republicano y popular. “Popular, pero no rasca,” repetía una periodista de la Cooperativa que juraba haber escuchado eso del mismísimo Arturo Navarro, sonriente director del Centro Cultural y anfitrión de la noche. 

 

Por cierto (frase favorita de Lagos), “Monseñor” Egaña anotó otro gol. Desde la visita del Papa el 87 hasta la ascensión de Lagos, el embajador organizador demostró destreza. Tendría que haber organizado también el regreso de Pinochet.  Egaña sumó fuerzas con Marcelo Trivelli y Patricia Politzer, la biógrafa de Lagos y ahora secretaria de Comunicación y Cultura. La nueva SeCoCu tiene uno de los desafíos más grandes del gobierno, crear un híbrido que concilie la imagen del Lagos republicano con la del presidente emprendedor y creativo.

 

Todo presidente tiene derecho a una luna de miel. Como buen novio, Lagos comenzó la suya abriendo La Moneda, organizando conciertos, viajando a Concepción y en sus primeras semanas, saliendo a terreno y reuniéndose con los empresarios y la oposición. Pero la familia ha molestado más de la cuenta, en particular algunos parientes más interesados en repartirse regalos que en el éxito del matrimonio.  Más temprano que tarde, Lagos tendrá que intentar poner la Concertación en orden sin herir sensibilidades DC.  Y no será fácil.  Las primeras leyes pasarán rápido, pero después el trámite parlamentario frenará la velocidad del cambio y la inercia comenzará a apoderarse del gobierno. Más que la derecha o los mismos desafíos del país, el principal enemigo de Lagos será el saboteador interno que vive en el estado burocrático y que se evidencia después de una década de Concertación en los pitutos, en partidos que son agencias de empleos y ahora más que nunca en el nepotismo. Trabajos para las esposas, hijos, ex cónyuges, embajadores que no hablan inglés y ciertos apitutados que manejan sus cuotas de poder cual aprendices de dictadores. Y detrás de ellos, un ejército de “bigotines,” como llama una amiga a los burócratas que se creen tecnócratas. Carentes de la vocación de servicio público y del conocimiento técnico, los “bigs” son el gato por liebre que corroe las arcas del erario público.

 

Ciudadanos o consumidores

Si se aprueba la reforma constitucional de la inscripción automática y voto voluntario, habrán 10 millones de votantes el 2001, dos millones más que ahora. Un tercio de ellos era menor de edad el 88.  Para el 2005, un 40% del electorado no habrá cantado “Chile, la alegría ya viene.”  Y muchos menos tendrán las lealtades partidarias de otrora. Y no porque la ideología no cuente, sino porque los partidos pesan menos que los candidatos que ganan lealtades porque dicen lo que piensan (ideología, en su definición más simple) y desempeñan bien su labor. La ideología es requisito necesario, no suficiente para resultar electo.

 

Porque este es otro país, hay que redefinir los términos del debate.  Pero hay dos visiones del nuevo Chile. Tironi y los suyos creen que el país es de consumidores. Los Ominami boys prefieren hablar de ciudadanos. Los primeros identifican problemas y los plantean como desafíos a encarar con ideas y energía, creando, inventando riqueza.  Ellos no promueven la instauración de un Chile S.A., sino de un Chile.com. Los otros, sin desconocer los cambios, nos recuerdan que más del 20% de los chilenos aún vive en la pobreza y las oportunidades de éxito están directamente relacionadas con el apellido, el colegio y la comuna donde se vive. En un país de marginados, de provincias rezagadas, de pobreza dura y profundas desigualdades (la esperanza de vida en Pudahuel es 20 años menor que en Las Condes) antes de Internet, hay que dar acceso a educación, salud, vivienda y trabajo dignos. El niño que asiste a una escuela pública en la población Lanín en Temuco debe ser parte también de la república, con sus derechos y obligaciones.

 

Existen también similitudes importantes entre las dos visiones: los derechos individuales, la tolerancia, la dignidad y un gobierno al servicio de  consumidores/ciudadanos. Los poderes fácticos quedan fuera. No hay disyuntiva democracia versus dictadura. Tampoco se discute la necesidad de eliminar senadores designados, fomentar el poder civil, la rendición de cuentas y mejorar la representatividad del sistema electoral. Esas son batallas ya ganadas. En su campaña, Lavín apoyó esas reformas. Perderá votos y apoyo el que defienda senadores designados, tutelaje militar o restricciones a las libertades individuales. Pero la ley electoral hará que algunos parlamentarios no sigan el llamado de su líder a democratizar la Constitución. Mientras que Lavín necesitaba mayoría para ser presidente, basta un 34% de los votos para mantener un escaño en el parlamento.  Si no se reforma la Constitución como prometió que se haría durante su campaña, entonces el ex alcalde de Las Condes tendrá que comenzar a preparar su propia “travesía del desierto”. 

 

Los chilenos, como en la España de Aznar (modelo de la UDI), votan también con el bolsillo. La recuperación económica le dará un respiro adicional a Lagos más allá de la luna de miel de cien días. Las municipales de octubre reflejarán tanto la confianza del electorado en la economía como su evaluación del nuevo presidente.  Si el gobierno mejora su votación respecto a diciembre del 99, Lagos habrá salvado su primer gran escollo y entonces comenzará a planear las parlamentarias de diciembre del 2001. Pero si la Concertación no sale bien parada de las municipales, entonces el equilibrio logrado entre los ‘chilenos.com’ y los ‘republicanos’ en el gobierno de Lagos dará paso a un nuevo debate interno que paralizará al gobierno porque después de todo Lagos mismo a veces parece no saber cuál de las dos visiones de Chile prefiere.

 

Su disyuntiva fundamental hoy es si privilegiar un Chile de ciudadanos o consumidores. Pero no es sólo la disyuntiva del presidente. Es también la problemática de la UDI, de la DC y de la Tercera Vía. ¿Sociedades de mercado o economías de mercado? Y más aún, ¿hasta donde debe el bien común anteponerse a los intereses individuales?

 

Los ejemplos ayudan. ¿Vamos a privilegiar el derecho individual a decidir el largo del pelo o vamos a establecer que el bien común precisa escolares con pelo corto? ¿Debe el estado financiar con mis impuestos las prácticas discriminatorias de la Universidad Católica contra profesores divorciados o que viven con sus parejas sin estar casados?

 

La coyuntura es compleja. Si privilegiamos la visión de consumidor, entonces cada persona decide sobre las escuelas para sus hijos, los fondos de pensiones, el tipo de seguro de desempleo y si quiere o no ser miembro de un sindicato.  Pero si rige la ley del mercado, entonces también los consumidores deben decidir qué películas ver en la televisión y el cable, sus preferencias sexuales, el acceso al divorcio, incluso discutir el aborto como opción, igual que en los otros países democráticos desarrollados. 

 

Si, en cambio, se opta por la visión del ciudadano y la comunidad, entonces el estado se alza como garante y protector de los objetivos más nobles de la patria, La Moneda es símbolo nacional, el presidente la autoridad moral y los gobernantes (junto a los poderes fácticos y la iglesia) los que velen para que el país no se desriele. Pero ahí el estado paternalista y protector tiene que proteger al ciudadano, crear trabajos, educar, dar prestaciones de salud, construir caminos y alimentar a los pobres.

 

¿Queremos un estado que haga o que deje hacer? Los dos extremos son malos, es obvio. Pero todo gobierno necesariamente se ubica más cerca de un extremo que del otro. Y todo presidente, por más que Lagos busque el balance justo, prefiere una visión de mundo a la otra. El Lagos de la innovación, de la creatividad y de la audacia está más cerca del país de consumidores, del Chile mucho mejor, del Chile.com.  El Lagos de crecer con igualdad, el de Ñuñoa, nos ofrece la República de Chile.

 

La orquesta juvenil de Curanilahue que tocó el 11 de marzo le fascinó tanto a Lagos porque logra combinar esas dos visiones, igual que la melodía alternativa de la Canción Nacional que se tocó en el Bellas Artes. Que un joven ingeniero de Puente Alto se haga millonario a través de una empresa Internet inventada desde su casa representa a la vez el país innovador y el de igualdad de oportunidades que ansía el presidente. Lagos quiere fusionar esas dos visiones proyectando a Chile al bicentenario. Pero perder el balance entre los dos polos es muy fácil, y Lagos ya lo hizo antes de la primera vuelta presidencial.  Para mantener el equilibrio precisará de buenas ideas, de capacidad de convicción y, más importante aún, de no perder él su visión de país. Tendrá que acercar a concertacionistas ‘republicanos’ y ‘chilenos.com’ y forjar un proyecto común, generar confianzas entre los dos grupos tanto en el gobierno como en el país, promover un ideal común de una república democrática, entusiasta, pujante y rica, con oportunidades para todos y donde se privilegie la innovación y la audacia, con una visión de comunidad nacional, tolerante y respetuosa de las decisiones de sus miembros individuales.