La nany el iceberg de Dorfman: Crónica de una Desvirginización Anunciada

Patricio Navia

Revista Capital, Abril del 2000

 

Sí, lo sé. Es García Márquez, plagio, homenaje, falta de creatividad. Lo que fuera. Pero la última novela de Dorfman debió haber tenido ese título. También podría haberse llamado “Lo real maravilloso, contemporizado, en inglés y por un judío chileno que lleva 30 años viviendo en Estados Unidos.”  O bien, Chilean intellectuals can't dance. La narrativa tiene mucho de Duke University y muy poco del Chile donde los icebergs no pueden remplazar a las palmeras invasoras en las nuevas urbanizaciones de Santiago, por más que se haya tratado de hacerlo en 1992.

 

Vamos a la novela. El muchacho, Gabriel, el héroe, chileno hijo de exiliados, crecido en Nueva York, vuelve a Chile a descubrir su país y transitar junto a sus connacionales por el sendero de la reconstitución democrática y la aventura del Iceberg en la Expo de Sevilla en 1992. 

 

Gabriel, que fue concebido la noche que sepultaron al Che Guevara en 1967, es la historia de Chile reciente. Su padre, el mujeriego Cristóbal McKenzie por razones que no quedan claras, pierde la virginidad la noche aquella, luego apuesta con un amigo que hará el amor todas las noches por los próximos veinticinco años. Y lo logra. Todo un toro, sin resfriados, sin depresiones, ni toque de queda, ni plebiscitos, ni partidos de fútbol, ni cheques protestados, nada detiene al real-maravilloso padre. Y siempre una mujer diferente, la única que se repite en ocasiones es la madre de Gabriel, que partió al exilio. La potencia de Cristóbal, el papá viril, son el paso del tiempo y la no claudicación. No, no, no nos moverán, ni con un golpe de estado, no nos moverán.

 

El amigo de Cristóbal, para no ser menos, promete llegar a ser el político más importante de Chile. Y en 1992 lo es (después de Aylwin) y está a cargo de todo lo que tiene que ver con Sevilla 1992, la Expo y la seguridad nacional.  Dorfman, en la sección de agradecimientos, desmiente cualquier similitud con Enrique Correa. A explicaciones no solicitadas… Yo hubiera pensado que era Tironi, Solari, o Schilling. ¿Todos esos socialistas del gobierno de Aylwin eran clones?

 

Y Gabriel decide irse a Chile porque no puede perder la virginidad en Nueva York. Y la imagen de su padre se le aparece justo en el momento.  Su padre, Chile, Pinochet, todos ellos. 

 

¿Será que Dorfman en realidad estaba pensando en la película que se podría hacer después? La Muerte y la Doncella, creación anterior del escritor terminó llevándose al cine. La nana y el iceberg tiene todos los elementos para lo mismo.  Ricky Martin sería Gabriel McKenzie, Andy García sería Cristóbal McKenzie y el papel de Amanda Camila lo haría Salma Hayek, Jennifer López o, mejor aún, Leonor Varela.

 

Sí, claro, una chilena de verdad. Y Dorfman, que usa hasta el cansancio eso de Amanda Camila quedaría feliz. ¡Qué nombre tan izquierdistamente largo! Camila, en cambio, aunque de origen revolucionario, es reivindicado por todos los chilenos, un nombre de reconciliación nacional.  Amanda, por la canción de Víctor Jara, es patrimonio de la izquierda. Dorfman deja eso en claro, y personajes, escritor y editores nos agotamos todos de tanto leer el nombrecito compuesto aquel. ¡Amanda Camila!, en un país donde Fransisca es Fra, y Alejandra, Ale.

 

Dorfman maneja el inglés (la novela fue después traducida al castellano) con gracia, talento, controlando los espacios, haciendo las pausas adecuadas. Dorfman escribe en inglés como los alemanes juegan fútbol. No hay que esperar chilenitas, ni mucho dribbling, solo buenos resultados. Por eso no entiendo por qué cae a menudo en las coincidencias real-maravillosas. De cualquier forma, el libro se lee bien, claro, límpido y cristalino como el iceberg. Pero también frígido y frío como la Antártica. Los adultos son poco convicentes, Amanda Camila es tan perfecta que es predecible y Gabriel, el narrador que envía un e-mail del porte de un libro a su ex-polola gringa, es muy humano, pero, come on!  ¡Ir a Chile porque no pudo perder la virginidad con su primera polola gringa! Welcome to the club! Somos millones. No hay para que ir a Chile. Si no resulta la primera vez, ya habrá otras ocasiones. Es cosa de mirar a Lagos.

 

Dorfman es de esos escritores que son mucho mejor analizando la realidad nacional que inventando historias. De eso hay muchos, algunos son notables. Dorfman entre los mejores. El registro de Dorfman, con su impresionante carrera de académico, columnista, escritor y hombre de la cultura es notable. Un chileno de sangre, corazón y pasaporte, un ciudadano del mundo en sus preocupaciones. Pero un latero en su última novela. A Dorfman le falta la gracia, la agudeza de sus análisis cuando inventa las pequeñas narrativas de sus personajes.  El libro, que parte bien y con una gran idea, empieza a cansar, se hace insufrible, es como andar partiendo el iceberg con un corta hielo. Al final me dejó la misma sensación de esa primera noche, tirado en la cama después de que, por más de tratar, y aunque tenía ganas e iba todo tan bien, no pude. No pude no más y entonces me quedé mirando el techo en silencio.