En casa de Verdugo...

Patricio Navia

Revista Capital, Marzo del 2000

 

La periodista nos tiene acostumbrados a reveladores libros sobre las violaciones a los derechos humanos y otros hechos que marcaron los años de la dictadura.  Poseedora de un notable talento para el periodismo investigativo, Patricia Verdugo (PV) es sumamente hábil para escribir este tipo de best sellers.  En “Bucarest 187”, PV abandona su estilo agresivo, crudo e impersonal para contarnos cómo el golpe militar le cambió la vida.  Su padre, un líder sindicalista democratacristiano, fue víctima mortal de la represión.

 

Además de su historia personal del golpe, las infidencias sobre sus tres matrimonios, las descripciones de sus sesiones de psicoterapia, el detalle de sus kafkianas batallas legales para lograr el reconocimiento oficial que su padre fue un ejecutado político, y las críticas de rigor a ciertos perseguidos del régimen militar que ahora lideran la defensa de la soberanía logran una atractiva y deleitable mezcla de lo público y lo privado. Con candor, PV comparte conflictos y contradicciones personales, su lucha por la justicia, la memoria y la necesidad de seguir viviendo.

 

Su drama personal se antepone a la muerte de su padre. Incluso el lector menos emotivo siente un escalofrío al leer cómo esta mujer arriesgó la vida haciendo periodismo y luchando para que en este país se respetaran los derechos humanos. 

 

Pero una confidencia de PV sobre su hermano transforma el mensaje del libro en algo mucho más confuso y de difícil digestión que una narrativa sobre  buenos y malos. El hermano de PV, siendo militar, trabajó bajo las órdenes del General Contreras en 1974.  Ella nunca quiso preguntarle si él torturó, mató o vio cómo otros lo hacían. Nunca, hasta el día de hoy. Casi no se hablan. Cuando tienen que hacerlo, se limitan a lo justo y necesario. Y nunca se menciona el tema.

 

Incapaz de enfrentar a su hermano, la imagen de la periodista incisiva, la mujer valiente, la escritora bravía que denuncia y embiste por doquier se transforma en una mujer frágil con conflictos, miedos y problemas no resueltos.  Aparece la mujer que no se atreve a saber si en su familia hubo además de víctimas, victimarios. De eso no se habla.

 

Sin quererlo, PV toca el meollo del problema de la memoria y el olvido. No se trata sólo de juntar a conversar militares y familiares de las víctimas.  Hay que sentar a familias enteras a la mesa de diálogo, a contar lo que saben, lo que supieron y callaron. Y esto debe pasar a todo nivel. Incluso en la Iglesia, que tanto admira Verdugo. Hay problemas no resueltos, temas no discutidos, arrepentimientos silenciados que no debieran esperar. La reconciliación familiar es condición indispensable para pensar en la reconciliación nacional. La verdad la estableció el Informe Rettig. La justicia es para los tribunales y los jueces. El olvido es del tiempo.