Se siente, se siente, Allende presente

Patricio Navia

Revista Capital, Febrero del 2000

 

Y no es Salvador, sino Isabel. En su más reciente novela, “La boda del poeta”, Skármeta abusa de las bodas apoteósicas, viejos inventores estilo José Arcadio Buendía, campanas que repican milagrosamente, curas que hablan con el Papa, doncellas que se casan por obligación--aman a otro--y patriotas que se escapan a Chile. No es el primero en aprovechar un estilo que le dio el Nóbel en 1982 a García Márquez. Allende lo hizo primero, y por eso la han criticado mucho.

 

Pero en defensa de Allende, ella le dio un toque personal al realismo mágico. Su estilo “García Márquez meets Corín Tellado” es inconfundible y sus novelas, criticadas por la elite intelectual, se venden como pan caliente en el mundo entero. “Allende es popular entre los más pobres y los menos educados” dicen sus detractores, pero lo mismo se podría decir de Joaquín Lavín, y a él tampoco le ha ido mal. Además, ella ha ayudado más a hablar de la sexualidad de la mujer en Chile que el SERNAM, las JOCAS y la UDI juntas. Y para la playa, prefiero leer a Isabel Allende que a Diamela Eltit.

 

Skármeta no utiliza el estilo que hizo famoso a García Márquez, sino que más se asemeja a la variante de Allende: ¿para qué restringir el realismo mágico a América Latina si en Europa también se puede hacer florecer?  Como todo buen pequeño burgués, Skármeta nos cuenta la historia, en parte verdad, en parte inventada de algún singular antepasado (suyo supongo, aunque no importa) que terminó emigrando a Antofagasta, Chile.  Huyendo de Europa en 1914, conoce en Italia a una poeta cónsul--sin nombre, para hacer la extemporánea referencia aún más burda--que le extiende el permiso para ingresar a Chile (un Winnepeg cualquiera.)

 

¡Basta ya de historias de vascos, adriáticos, italianos y otros inmigrantes que llegan a Chile! ¡Aquí todos somos inmigrantes! Unos llegaron de Europa, otros del sur de Chile--a otros los van a enviar pronto--y todos tienen abuelitas que les contaron las épicas aventuras. Como ha señalado Carlos Almonte, es hora que regrese “Hijo de Ladrón” O al menos que escriban los que nunca llegaron a saber las historias de sus abuelos.  Basta ya de escritores mormonizados.

 

El conductor del Show de Libros, y ameno narrador (tiene unos cuentos sobre fútbol y sobre exilio notables y un par de novelas memorables), nos regala una novela que claramente fue pensada para el cine, aunque fue también motivada por millonario contrato. Pero aún así, no se entiende por qué publicar un buen guión de cine primero como novela. En “La boda del poeta” los personajes viven en el lugar común del realismo mágico, las mujeres son más simples que un anillo (cómo se equivocó Neruda con algunas metáforas!), y el final es anunciado desde el comienzo. 

 

Si este verano olvida llevar “La boda del poeta” a sus vacaciones, no se preocupe, la podrá ver en el cine. Si la pensaba comprar, lea la contratapa, nunca un resumen fue tan fielmente escrito.