Politzer y Weinstein: Para leer a Isabel Allende con un poquito de psicoanálisis

Patricio Navia

Revista Capital, Enero del 2000

 

Es buena idea ubicar Mujeres: la sexualidad secreta de Patricia Politzer y Eugenia Weinstein (P&W) en un lugar prominente del dormitorio, junto a Paula de Isabel Allende. Ese detalle resalta lo compasivo que puede ser un hombre. Si yo fuera empresa, y mis invitadas inversionistas, esos libros equivaldrían a un espaldarazo de confianza de Standard & Poors.

 

La lectura del libro pudiera resultar menos provechosa. P&W nos recuerdan lo que ya hizo millonario a Gray, Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus. Las autoras añaden que no es lo mismo ser marciano de EEUU que de Chile. Y que también en Venus hay diferencias entre el norte y el sur. Pero ya que los datos estadísticos son patrimonio del mundo desarrollado, P&W se ven obligadas a mezclar anécdotas nacionales con datos de países donde existe el divorcio, el aborto, campañas televisivas anti-Sida y donde los moteles son para ir a dormir.  Además aún dentro de Chile hay diferencias notables. No es igual ser mujer en Curicó que en Las Condes. Y aún en Providencia hay mujeres que a los 27 años ya tienen 6 hijos y otras que, gracias a Dios, viven su soltería entre el Tavelli y el Liguria. Pasa lo mismo en el heterogéneo mundo de los hombres.

 

Pero la crítica a creencias erradas y lugares comunes, aunque excesivo, resulta útil. Ellos conquistan, meten goles, construyen símbolos fálicos. Ellas, límpidas y misteriosas como la luna, mueven mareas. Imagino otros: los hombres leen Capital y las mujeres Paula; ellos no toleran a Isabel Allende y ellas lloran al leerla.  Las 240 páginas resumen consejos que todos debieran conocer. Lo difícil es llevarlos a la práctica. Por ejemplo, he leído las novelas de Allende—incluso La hija de la fortuna—pero no puedo decir que me satisfagan, lo hago por disciplina.  Después de P&W sé dónde puedo aprovechar los interminables detalles anecdóticos que aprendí en Paula. Pero aún no sé cómo.

 

Al final no queda claro si la sexualidad de la mujer es secreta, escondida o reprimida. Y si eso se soluciona cambiando la cultura nacional, simplemente conversando con la pareja o yéndose a vivir a otro país. Se describe bien el problema comunicacional, pero no se ofrecen soluciones concretas. Aunque el conflicto es de más fácil explicación que solución, la contratapa sugiere que después del libro, nuestra relación con el sexo nunca será igual. Pareciera que P&W seducen con la misma estrategia que usan los hombres para conquistar: yo soy diferente.

 

Aunque la lectura no aburre, tampoco entusiasma sobremanera. Weinstein contribuye con el psicoanálisis y Politzer proporciona una pluma ágil, eficiente y efectiva. El libro evidencia que la cooperación mejora la iniciativa individual.  Pero las autoras no escapan del mal que enfrenta Chile: la necesidad de añadir valor agregado a lo producido. Desde el cobre en bruto, a las cajas de frutas, la harina de pescado y la celulosa, generamos más materia prima que productos elaborados. Hay que añadirle valor agregado a las páginas escritas; escribir más corto y mejorar la calidad. No sólo favorece el producto, también libera al lector de valiosos minutos que en este caso, siguiendo el consejo de P&W, podríamos haber dedicado a cultivar la comunicación de pareja.