Donald Trump: Un Huracán

Patricio Navia

Diario Perfil, febrero 12, 2017

 

Aunque todavía no cumple un mes en el poder, el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, ha tenido ya un efecto innegable en redefinir el orden mundial. Sus polémicas decisiones y su inusualmente combativa estrategia comunicacional han dominado la atención del mundo. El candidato que generaba problemas con sus polémicos tuits ahora se ha convertido en el presidente que genera tensiones mundiales con sus mensajes de 140 caracteres. Contrariamente a lo que muchos analistas pensaban, Trump no ha modificado su estilo agresivo ni la retórica combativa de su campaña presidencial. Al cumplir lo que prometió como candidato, está demostrando la fortaleza de la democracia estadounidense, aunque las consecuencias de sus acciones terminen por debilitar a esa misma democracia y dañar la frágil estabilidad mundial.

 

Como candidato presidencial, Trump atrajo atención por la naturaleza radical de sus propuestas y promesas. Desde su anuncio de la construcción de un muro en la frontera con México hasta la prohibición de la entrada de musulmanes a Estados Unidos, Trump hizo promesas tan radicales que muchos sugirieron que no había que tomarlas de forma literal. Pero una vez en el poder, ha insistido en cumplir con algunos de sus más polémicos compromisos de campaña. En su primera semana en el poder, provocó la

 

cancelación de la visita a Washington de los líderes de México y Canadá cuando advirtió, por Twitter, al presidente Enrique Peña Nieto que, si México no estaba dispuesto a pagar por el muro, sería mejor suspender la visita. Unos días después, firmó una orden ejecutiva –una especie de decreto presidencial– que prohibía el ingreso a Estados Unidos de personas que provinieran de siete países mayoritariamente musulmanes. 

 

De hecho, el presidente estadounidense parece apurado en cumplir varias de sus promesas de campaña. A menos de dos semanas de asumir, nominó al juez conservador Neil Gorsuch, cumpliendo así una promesa que llenó de satisfacción a los sectores estadounidenses más conservadores, que aspiran a que la Corte Suprema mantenga la mayoría conservadora que ha tenido en las últimas dos décadas. Ahora bien, aunque Trump también anunció que Estados Unidos se retiraba del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por sus siglas en inglés), todavía no ha dado señales claras sobre cuándo pretende cumplir sus promesas de adoptar políticas más proteccionistas y, en particular, las medidas que podrían generar una guerra comercial con China. Pero si evaluamos las decisiones tomadas por el presidente Trump que más polémica han generado, veremos que todas ellas cumplen compromisos claros y precisos de campaña.

 

En las democracias modernas, muchas veces la gente se decepciona porque sus líderes prometen una cosa como candidatos y hacen cosas diferentes al llegar al poder. Alegando que las circunstancias cambiaron o que la implementación de sus promesas tomará más tiempo que lo que ellos esperaban, los presidentes a menudo relativizan –o incluso abandonan– las promesas que hicieron como candidatos. Muchos analistas y observadores señalan que la distancia que existe entre lo que prometen los candidatos y lo que hacen los presidentes alimenta el descontento de la población y el malestar con la forma en que funciona la democracia. Después de todo, si la gente elige a un líder a partir de las promesas de campaña que realiza, el incumplimiento de esas promesas constituye una traición al contrato simbólico que realizaron los candidatos y las personas que le dieron su apoyo.

 

Por eso, resulta difícil entender las críticas que ha recibido Donald Trump por apurarse en cumplir las promesas de campaña que realizó y por las que mucha gente votó por él. Desde la perspectiva de la rendición de cuentas, es saludable que cumpla las promesas que hizo como candidato.

 

Ahora bien, desde la perspectiva de los efectos que tendrán las medidas que está tomando, el cumplimiento de varias de sus promesas más controversiales de campaña anticipa que se vendrán malos tiempos para Estados Unidos y el mundo. La creencia de que la prohibición del ingreso a ciudadanos de algunos países mayoritariamente musulmanes ayudará a mejorar la seguridad en Estados Unidos y la decisión de construir un muro para evitar la migración ilegal reflejan una combinación de simplista ignorancia y retrógrados miedos, que constituyen la base del populismo. Como país más poderoso de un mundo cada vez más globalizado, Estados Unidos tiene un rol de liderazgo que, con su discurso proteccionista y enfoque antiglobalización, Trump parece querer abandonar. El vacío que se produzca cuando Washington ya no lidere los esfuerzos a favor de la globalización y la ola proteccionista que inicie el gobierno estadounidense genere reacciones en todo el mundo tendrá costos altísimos para la estabilidad mundial y para el propio progreso y desarrollo de Estados Unidos.

 

Porque la globalización es un proceso que ningún país unilateralmente puede frenar, la decisión de Trump de apretar el freno de la integración comercial en el mundo sólo desestabilizará los procesos que ya están en marcha. Como un automóvil que frena con fuerza en un camino de hielo, la decisión de Trump producirá una carambola de inestabilidad e incertidumbre.

 

Por eso, aunque irónicamente es una señal saludable que un candidato llegue al poder y tenga urgencia para cumplir sus promesas, las consecuencias de esas polémicas promesas transformadas en apresuras y mal diseñadas políticas y reformas serán comparables a los daños que produce un poderoso huracán. Aunque ni siquiera lleva un mes en el poder, el legado que ya construye el presidente Trump refleja fielmente los compromisos de campaña que realizó y que, correctamente, asustaron a todos aquellos que tomaron literalmente en serio lo que entonces prometía el ahora presidente de Estados Unidos.