La cucaracha quiere caminar

Patricio Navia

Noviembre 8, 2015

 

La decisión de la Corte Suprema de México que abrió la puerta a la legalización del consumo de marihuana es un avance gigantesco para la descriminalización de las drogas y un revés enorme para la política impulsada por Estados Unidos y refrendada por la mayoría de los países de América Latina, que busca combatir el consumo de drogas en vez de legalizar y regular ese mercado.

 

Aunque la decisión no va a tener efectos inmediatos, la señal enviada por el principal tribunal del mayor productor de marihuana en las Américas muestra que los defensores de la legalización llevan la ventaja en la disputa ideológica sobre la forma en que los países deben enfrentar el consumo de drogas.

 

La conocida canción folclórica La cucaracha fue popularizada en la Revolución Mexicana con referencias a que la causa por la que el insecto ya no quiere caminar es por no tener marihuana que fumar. Aunque el origen de la canción es español, y muy anterior a 1910, y pese a que en la mayoría de los países de habla hispana se modifica la letra para evitar la referencia a la hierba, la relación entre marihuana y México parece ser de larga data. En años recientes, en tanto México se consolidó como el punto de entrada favorito a Estados Unidos de los carteles del narcotráfico, la producción de marihuana en ese país asociada al comercio ilegal con Estados Unidos ha crecido rápidamente. Aunque no es uno de los países de la región que más consumen –ese récord lo tienen Uruguay y Chile–, México es el segundo mayor productor de marihuana en el mundo y el principal productor de la marihuana que se consume en Estados Unidos, el país que más consume en el continente, por volumen y per cápita. De ahí que la decisión de la corte mexicana constituya un problema potencial para Estados Unidos, donde el consumo de la marihuana sigue siendo penalizado en la gran mayoría de los estados.

 

La decisión de la corte mexicana dista de ser un cambio radical en la legislación prevalente en ese país. Es más bien, por la naturaleza del sistema de justicia mexicano y por las implicaciones de la sentencia, una advertencia sobre lo que se viene en los próximos meses y años. Como el caso sobre el que decidió la Corte resultó de un amparo presentado por cuatro ciudadanos del país, la decisión aplica solamente a los cuatro involucrados. No tiene efectos sobre el resto del país. Para que pueda aplicar al resto del país, se necesita que la misma sala de la Corte emita el mismo fallo en cinco casos similares o que el pleno de la Suprema ratifique un fallo similar por un amplio margen. Pero la decisión de la Corte es considerada especialmente significativa porque asocia su sentencia a una cuestión de derechos, declarando que cinco artículos de la ley general de salud de ese país violan la libertad personal. Se espera que ahora se apresuren varios casos similares y que la decisión de la Suprema induzca al gobierno y al Congreso a regular la forma en que los ciudadanos mexicanos (y los turistas que visiten ese país) puedan acceder legalmente a la marihuana para su consumo recreativo.

 

Si bien los más entusiastas defensores de la legalización anticipan que México podrá sumar la posibilidad de consumo legal de marihuana a su oferta turística –y que los ingresos fiscales se verán favorecidos al sacar el mercado de la marihuana de las sombras e incorporarlo a la legalidad–, el desafío para el gobierno de México es enorme. Por un lado, podrá aprovechar la oportunidad para dar un duro golpe a los carteles del narcotráfico que hoy dominan la producción y exportación de marihuana. Por otro, deberá actuar con prudencia, en tanto la población de ese país rechaza mayoritariamente la legalización de la hierba. A diferencia de Estados Unidos, donde el camino a la descriminalización de la producción y consumo ha sido gradual y promovido por decisiones de gobiernos locales y estaduales o de iniciativas populares de ley a nivel estadual, en México la decisión de la Suprema abre el camino para una transición mucho menos gradual y política y socialmente más contenciosa.

 

El impacto que ha tenido en el mundo la decisión de la Justicia mexicana anticipa el interés que otros países tienen en ver cómo México avanza hacia la legalización del consumo recreativo de esa droga. Es verdad que el consumo de marihuana está despenalizado desde 2009, y que ya no es un crimen en México portar pequeñas cantidades de la droga. Pero la producción industrial ilegal de la droga con fines de exportación continúa siendo un flagelo en el país. Se estima que uno de cada tres mexicanos encarcelados está condenado por un delito relacionado con el tráfico de marihuana. Los carteles del narco controlan mayoritariamente la producción de marihuana y ejercen una influencia desmedida en la política y economía de varias zonas del país. Además, como el principal consumidor de la marihuana mexicana es Estados Unidos, el hecho de que sea ilegal importar marihuana a ese país genera un problema logístico enorme si México legaliza la producción de marihuana sin que lo haga Estados Unidos, su principal socio comercial –ambos crecientemente unidos en el Acuerdo de Libre Comercio de Norte América (Nafta)

 

Aunque ya circulan propuestas de crear paquetes turísticos con tours por sembradíos de marihuana (similares a los que existen en países productores de vino o de café) y no pocos empresarios anticipan que los estudiantes universitarios estadounidenses que buscan destinaciones en el Caribe para sus vacaciones de primavera (Spring Break) verán a México como un lugar mucho más atractivo cuando el consumo de marihuana sea legal y de fácil acceso, el camino hasta ese punto estará lleno de obstáculos y desafíos logísticos. Es cierto que ahora la cucaracha ya no tendrá excusa para no caminar en México, pero nada anticipa que, al tener marihuana que fumar, la cucaracha vaya a llegar a feliz destino.