Homenaje a Bielsa

Patricio Navia

La tercera, octubre 15, 2009

 

No hay peor forma de rendir un homenaje al técnico de la exitosa selección nacional de fútbol, Marcelo Bielsa, que otorgarle la ciudadanía chilena por gracia. Además de aparecer como una acción oportunista por parte de un deslegitimado Congreso ansioso de tener tribuna y buena publicidad antes de las próximas elecciones de diciembre, esta iniciativa incumple los requisitos básicos de un homenaje. El homenajeado pudiera no querer dicha distinción. Peor aún, se podría sentir mal rechazando una distinción que no desea y por lo tanto la aceptaría sin atribuirle el mismo valor que le dan aquellos que se la entregan.

 

Dejemos en claro que Bielsa ha hecho una notable contribución al futbol chileno y a nuestro estado de ánimo colectivo. Pero el técnico argentino estaba haciendo una pega por la que ha sido adecuadamente remunerado. La nacionalidad por gracia se diseñó como un reconocimiento para contribuciones de toda una vida, desinteresadas y nobles, por parte de personas que adoptaron a Chile como su país de residencia permanente. Bielsa es orgullosamente argentino y tiene todo el derecho de optar, en el futuro, por convertirse en entrenador de la selección de fútbol de su país o de cualquier otro país. Por cierto, tampoco parece razonable que Chile lo convierta en su entrenador nacional vitalicio.

 

Bielsa es argentino, orgullosamente. Bien por él. Su compromiso nacional está con el país allende la cordillera. El entrenador es un amigo de Chile. Chile es un país agradecido de Bielsa y orgulloso de sus contribuciones.  Pero eso no convierte ni a Bielsa en chileno ni obliga a Chile a otorgarle una nacionalidad por gracia que Bielsa, aunque agradecido por el gesto, pudiera no querer utilizar. Nadie dice que Chile sea superior a Argentina o que el país vecino sea superior a nosotros. Pero Bielsa parece feliz siendo argentino y no creo que sienta que recibir la nacionalidad chilena por gracia sea un premio que le pueda servir o que pueda utilizar.  Podrá estar agradecido y emocionado, pero probablemente no se sienta menos argentino o más chileno con una nacionalidad por gracia.

 

Sería mucho mejor pensar en formas más creativas y significativas (para Bielsa) de expresar nuestro agradecimiento y cariño. Desde un premio monetario mayor hasta un concierto con homenajes varios y diversos, desde un reconocimiento simbólico que no implique poner sobre la mesa su nacionalidad y su identidad nacional (o la nuestra) hasta reconocimientos formales que los pueda depositar en su banco o convertir en capital para realizar preciados sueños de juventud.

 

Hay que estar agradecidos con Bielsa. Pero ese agradecimiento debe ser también respetuoso de Bielsa, de su historia personal, de nuestra propia nación.  Hay que pensar en un premio que a Bielsa lo haga feliz y que demuestre el agradecimiento de un país que después de 12 años vuelve a un mundial de futbol. Nada menos, pero tampoco nada más.