Los nuevos tercios

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 17, 2013

 

Aunque ha aumentado el porcentaje de chilenos que rechazan a la Concertación y a la Alianza, el que haya 7 candidatos presidenciales alternativos diluye la fuerza de ese electorado.  Aunque es altamente probablemente que el sexto periodo presidencial siga dominado por las mismas coaliciones que han gobernado desde 1990, la voz de los que aspiran a la renovación se escuchará fuerte en 2013. Pero en vez de ser un canto armonizado y claro, será un ruido desordenado y difícil de materializar en una alternativa política.

 

Con el número de candidatos presidenciales más alto en la historia democrática de Chile, la elección de 2013 refleja descontento tanto con los partidos políticos establecidos como con las dos coaliciones dominantes desde el fin de la dictadura.  El porcentaje de chilenos que no se identifica con partidos o coaliciones está en su máximo histórico. Seis de cada diez personas escoge el “otro” o “ninguno” cuando deben seleccionar un partido o coalición política. 


Equivocadamente, algunos interpretan esto como crisis del modelo o como polarización política. Pero la gran mayoría de los chilenos es moderada. La gente prefiere reforma a revolución. Los cambios graduales, sin poner en riesgo lo ganado, atraen más que las promesas de transformaciones radicales y riesgosas. La creciente no identificación de los chilenos es una confirmación de la consolidación y fortaleza de nuestra democracia.  Cuando el país está dividido y polarizado, la gente se atrinchera ideológicamente. Pero cuando el país avanza por el sendero del desarrollo, la gente se siente menos obligada a pintarse con los colores de guerra de cada partido. Cuando las diferencias son más sobre énfasis y sobre la tripulación que sobre la hoja de ruta que hemos de seguir, la gente comprensiblemente no se siente obligada a tomar las banderas de lucha ideológica.  Es más, los propios partidos deben abocarse a destacar los atributos individuales de sus candidatos más que las diferencias en sus propuestas de reformas y programas.

 

La certeza sobre la hoja de ruta alimenta el personalismo en los liderazgos. Cuando hay consenso sobre la dirección en la que avanzará el país, es más fácil que candidatos independientes y sin estructura partidista—o liderando coaliciones en permanente guerra civil—se alcen como alternativas atractivas para dirigir al país.  Las candidaturas alternativas evidencian tanto la crisis de representación que viven los partidos políticos como la creciente certeza sobre la hoja de ruta que seguirá el país.

 

Hay agua en la piscina para candidaturas presidenciales alternativas.  De hecho, podemos hablar de una nueva estructura de tercios en Chile. El viejo ordenamiento izquierda-centro-derecha ha sido remplazado por la Concertación-Alianza-ninguno.   Si bien el “ninguno” es el tercio que más crece y el más atractivo electoralmente, la multiplicidad de ofertas y la incapacidad para aunar esfuerzos harán que ese tercio sea desplazado por la Alianza y la Concertación en noviembre. Aunque sean menos atractivos y generen rechazo en la población, la capacidad de las dos grandes coaliciones para poner de lado sus diferencias y apoyar a sus respectivas candidatas hará el tercio ninguno vea su impresionante fuerza electoral diluida en el apoyo a 7 candidatos alternativos que fueron incapaces de construir una plataforma común.