Demasiados candidatos presidenciales

Patricio Navia

La Tercera, agosto 20, 2013

 

La elección presidencial de noviembre tendrá, de acuerdo a las inscripciones de ayer ante el Servel, el mayor número de candidatos en la historia de Chile. La excesiva oferta afectará negativamente la campaña, dificultando la efectividad de los debates televisivos, confundiendo a los electores y ayudando a la candidata que actualmente lidera en las encuestas. Aunque también hace más probable que haya segunda vuelta, el alto número de candidatos tiene más costos que beneficios para la calidad de la democracia.

 

En las cinco elecciones presidenciales realizadas desde 1989, el número de candidatos ha fluctuado entre tres (1989) y seis (1993 y 1999). En las ocho elecciones realizadas entre 1932 y 1970, dos veces hubo cinco candidatos (en 1932 y 1958). Aun si algunos candidatos desisten por alguna razón, el número de éstos, según la inscripción, sería el más alto.

 

Si bien tener más candidatos entrega más opciones, también hace más difícil conocer las diferencias entre las distintas opciones. Ya es difícil para cualquier ciudadano medianamente informado recordar los nombres de Michelle Bachelet (Nueva Mayoría), Marcel Claude (PH), Marco Enríquez-Ominami (PRO), Tomás Jocelyn-Holt (Ind.), Ricardo Israel (PRI), Evelyn Matthei (Alianza), Roxana Miranda (Igualdad), Franco Parisi (Ind.) y Alfredo Sfeir (PEV). Entender las diferencias entre ellos resulta todavía más difícil.

 

Con tanto candidato, los debates televisivos pierden efectividad. Argumentando compromiso con  la diversidad, el candidato que lidera las encuestas siempre exige la presencia de todos los otros candidatos en el debate. El que va segundo pide limitar el número de participantes, para poder debatir con el líder. Si hay nueve candidatos, un debate de dos horas permitiría sólo unas cinco intervenciones de menos de tres minutos a cada candidato, sin posibilidad de réplicas ni aclaraciones. 

 

Muchos electores se informan con la franja televisiva que se emite dos veces al día en los 28 días previos a la elección. Pero si llegan nueve candidatos, cada uno tendría poco más de 130 segundos por franja para presentar sus propuestas. Si la campaña política televisiva ya obliga a frases cortas -dificultando la discusión de fondo-, la multiplicidad de candidatos convertirá a la franja en un concurso de marketing. Si los candidatos logran que los potenciales electores recuerden sus nombres, debieran darse por satisfechos.

 

Cuando hay tanta gente proponiendo soluciones a tantos temas, reina el desorden. Aunque los candidatos más conocidos se benefician con la inevitable confusión del electorado, decae la calidad del debate y se dificulta el necesario control sobre la factibilidad de las promesas.