Piñera y el fin de la transición

Patricio Navia

La Tercera, agosto 12, 2013

 

Aunque el alto crecimiento y la generación de empleo compiten con el postnatal de seis meses como las joyas de la corona del legado del gobierno del Presidente Piñera, las reformas políticas impulsadas e implementadas por el primer gobierno de derecha después de Pinochet destacarán como su legado más profundo y permanente.

 

La conocida crítica de que este gobierno fue el quinto consecutivo de la Concertación--o que los cuatro anteriores implementaron políticas de derecha--desconoce los méritos de la continuidad y gradualismo que caracteriza el diseño e implementación de políticas públicas en Chile. Precisamente porque hemos logrado consenso en promover políticas que reduzcan la pobreza, gradualmente amplíen la estructura de oportunidades y privilegien los datos por sobre los dogmas, la hoja de ruta que ha recorrido Chile desde el fin de la dictadura ha sido exitosa y no permite plantearnos hoy desafíos y metas impensadas hace dos décadas. Aunque su gobierno puso más énfasis que los anteriores en la generación de empleos y la eficiencia del gasto--pero lamentablemente enfatizó menos la diversidad y la fortaleza institucional--en buena hora, el Presidente Piñera no pasará a la historia por promover un cambio en la dirección en la que avanza el país.

 

Pero, contrario a lo que muchos esperaban, este gobierno avanzó decididamente en promover reformas que profundizan y consolidan la democracia. La adopción de la inscripción automática incorporó más de 4 millones de chilenos al padrón electoral. Uno de cada tres chilenos con derecho a voto en noviembre estará por primera vez habilitado para escoger a las nuevas autoridades. La legítima discusión sobre los efectos del voto voluntario aplican más a la reforma constitucional que eliminó la obligatoriedad, aprobada en el gobierno de Bachelet, que a la reforma que permitió la inscripción automática (y la modernización del Servicio Electoral), herencia de Piñera.

 

La elección directa de CORES, una vieja deuda en el proceso de descentralización, también será herencia de Piñera. Después que Lagos y Bachelet prometieron hacerlo, la reforma--ansiada en las regiones--será realidad este noviembre. Es verdad que el gobierno se demoró en cumplir y que tendría más sentido que la elección de CORES coincida con los comicios de alcaldes y concejales que con las elecciones parlamentarias. Pero antes de Piñera, las elecciones de CORE eran una demanda de las regiones. Hoy son una realidad.

 

En los 7 meses que le restan en La Moneda, el Presidente Piñera puede darle aun mayor contundencia a su legado de reformas institucionales. El voto de los chilenos en el exterior y la reforma al binominal pueden convertirse en joyas que coronen las reformas institucionales de Piñera. Legislar para permitir que los chilenos residentes en el exterior puedan votar nos pondría a la par de otros países OECD. Como los chilenos en el exterior ya están automáticamente inscritos, el obstáculo más grande es la voluntad política, no los desafíos logísticos. Al ponerle ahora urgencia a ese proyecto, Piñera además podrá ganar tiempo para la negociación más dura y compleja que implica reformar el binominal.

 

Al impulsar la eliminación del binominal en la Cámara a cambio de legitimarlo en el Senado, el Presidente Piñera ha avanzado en un acuerdo mínimamente aceptable para defensores y detractores del actual sistema electoral. Como resulta poco probable imponer una eliminación total del binominal, la Concertación parece decida a aceptar una reforma en la medida de lo posible que oxigene un poco la política, y abra espacios de participación a nuevos grupos. A su vez, los defensores del binominal pueden encontrar sosiego en saber que la reforma electoral dotará al binominal en el Senado de una necesaria legitimidad.

 

Es verdad que hay otras necesarias reformas que quedarán pendientes. Se precisa un sistema de financiamiento público a los partidos políticos y una fiscalización adecuada al gasto de los candidatos en campaña, y antes de que empiecen oficialmente las campañas. Una ley de lobbying se hace cada vez más necesarias. También hay creciente demanda en regiones a favor de la elección directa de intendentes.

 

Pero si a las reformas ya implementadas, el Presidente Piñera suma el voto de los chilenos en el exterior y el cambio al sistema binominal, su legado en cuestiones de reformas políticas será aun más duradero.  Aunque su propia trayectoria lo haga sentirse más orgulloso por otras reformas que ha impulsado, el Presidente Piñera ha construido un legado de reformas políticas más contudente que cualquiera de sus antecesores.