La tercera es la vencida

Patricio Navia

La Tercera, julio 18,2013

 

La sorpresiva renuncia de Pablo Longueira a la candidatura presidencial de la Alianza es un serio golpe para la Alianza. Pero si hace las cosas bien, la Alianza puede transformar este difícil momento en una oportunidad para revertir lo que hasta ahora parece ser una batalla imposible de ganar.

 

La decisión sobre quién y cómo se nominará al nuevo candidato de la Alianza es casi tan importante como el nombre del nuevo abanderado. Después que la UDI anunciara que nombraría al candidato de reemplazo, quedó en claro que las disputas entre los dos partidos de derecha bien pudieran terminar por empeorar aún más la crisis. Ya que la ley libera a RN del pacto de primarias si la UDI insiste en nombrar unilateralmente al candidato, los gestos a favor de la unidad de la derecha se hacen especialmente importantes. Así como hay buenas razones para pensar que Andrés Allamand debiera ser el candidato, también parece razonable buscar un nombre nuevo que pueda re-energizar a una coalición que acaba de recibir un duro revés electoral en las primarias del 30 de junio.

 

En la historia de la derecha abundan ocasiones donde los obstáculos en el camino gatillaron profundas disputas que tuvieron altos costos electorales. Cuando los partidos de derecha han buscado aprovechar la coyuntura para sacar ventajas frente a sus socios de coalición, los resultados han sido catastróficos para el sector. En cambio, cuando RN y la UDI han puesto de lado sus diferencias, los resultados han sido promisorios. Si bien pasarán varios días antes de que se despejen las dudas sobre las causas de la renuncia de Longueira y sobre quién supo qué y cuándo, desde hoy podremos ver si las acciones y decisiones que tomen RN y la UDI reflejen unidad o división en la coalición.

 

El hecho de que la Concertación y los candidatos independientes hayan tomado palco esperando que RN y la UDI se saquen los ojos subraya que el principal desafío de la Alianza no es encontrar otro candidato presidencial, sino evitar quebrar a la coalición en el proceso.

 

Precisamente porque ganarle a Bachelet requiere unidad, cualquier señal de división y conflicto al interior de la Alianza en los próximos días tendrá un efecto negativo que empeorará la ya delicada situación en la que se encuentra hoy esa coalición.

 

Porque no hay peor estrategia que enfrentar una  batalla divididos, RN y UDI debieran resistir a la tentación de sacar ventajas partidistas en los próximos días. Si enfrentar a Bachelet ya es una pelea cuesta arriba, hacerlo divididos bien pudiera costar a la derecha mucho más que una derrota en noviembre.