Reforma peor que la enfermedad

Patricio Navia

La Tercera, julio 15, 2013

 

No hay peor reforma que la que se hace apresurada e irreflexivamente. En la premura por parecer proactivos, el gobierno y la oposición bien pudieran terminar adoptando un sistema electoral peor que el binominal. Además, para los detractores del binominal, eliminarlo en diputados a cambio de legitimarlo en el Senado es un pésimo negocio.  Cualquier reforma debiera privilegiar una mayor competencia, menor poder a los partidos y mejores mecanismos de rendición de cuentas.

 

Aunque es criticado por dejar fuera a los partidos chicos, el binominal en realidad obliga a los chicos a entrar a las coaliciones. Ya que sus votos son clave para facilitar o evitar doblajes, los partidos chicos devienen en socios atractivos para las coaliciones.  Pero el binominal también reduce la competencia entre coaliciones.  Es más importante ganarse la nominación de los partidos que la confianza de los electores. Al asegurarse la mitad de los escaños con un tercio de los votos, el sistema premia la polarización. Los candidatos moderados crecientemente sucumben ante extremistas. Como la inscripción automática y voto voluntario también deprime la participación de los moderados, el efecto polarizador del binominal se acrecienta. No sorprende, entonces, que RN y el PDC promuevan la reforma al binominal.

 

Las dos propuestas en la mesa -de senadores RN y de la Concertación, y la del gobierno con el resto de RN y UDI- terminan con el binominal en la Cámara, pero lo mantienen en el Senado.  Resulta incomprensible que la Concertación quiera legitimar el binominal en la Cámara más importante. Si quieres terminar con una filtración de agua en tu casa, de poco sirve que la elimines en el comedor, pero no en el dormitorio.

 

Al aumentar la proporcionalidad en la Cámara, la reforma abrirá espacio a partidos independientes que no comulguen con las coaliciones.  Proliferarán partidos pequeños que literalmente vendan sus escaños en la Cámara al mejor postor, pan de cada día en sistemas proporcionales.  Si se quiere promover la inclusión y diversidad en la representación, los partidos debieran hacer uso de un mecanismo que ya existe, las primarias vinculantes organizadas por el Estado. Las primarias contribuyen a la inclusión, pero sin generar incentivos para que el Congreso se convierta en un mercado donde partidos pequeños o unipersonales vendan sus decisivos escaños al mejor precio.

 

Nunca es bueno reformar con la calculadora en mano. No hay peor momento para una reforma electoral que un período electoral. Peor aun es intentar una reforma a la par de la negociación por cupos que actualmente ocurre en las coaliciones.  De hecho, bien pudiera ser que RN y DC quieran usar su anuncio de reforma para conseguir concesiones de sus socios de coalición en la lista de candidatos para las elecciones de noviembre.

 

El binominal requiere ser reformado, porque es poco competitivo y porque induce a la polarización. Cualquier reforma debiera inducir a más competencia, sin debilitar los incentivos para la formación de coaliciones.  Ninguno de los proyectos de reforma induce a una mayor competencia, pero ambos proyectos promueven la fragmentación partidista en la Cámara.

 

A veces los remedios son peores que la enfermedad y los malos diagnósticos abundan cuando se hacen apresuradamente.