Contra el presente vergonzante

Patricio Navia

La Tercera, mayo 15, 2013

 

La crisis en el PS pudiera dañar la hasta ahora aparentemente invencible candidatura de Michelle Bachelet. Mientras más se demore un acuerdo que sea compatible con la demanda por más democracia interna y más participación ciudadana que hizo Bachelet, más fácil será para los adversarios de Bachelet—tanto en las primarias del 30 de junio como en la presidencial de noviembre—argumentar que un segundo gobierno de Bachelet será una guerra civil entre facciones y partidos concertacionistas más preocupados de sus feudos y cuotas de poder que de empujar el todavía indeterminado programa de gobierno de Bachelet.

 

El que uno de los líderes de las facciones sea el senador Camilo Escalona, hasta hace poco el principal aliado de Bachelet en el PS, evidencia lo confuso de la disputa. Los bandos se ordenan en torno a dos ejes, el de la gobernabilidad y el de la participación. En el eje de la gobernabilidad, los extremos están definidos por los que quieren retornar a la pax concertacionista—como Escalona—y los que quieren refundar la democracia. Pero después que Escalona acusara a los defensores de una asamblea constituyente de fumar opio, las declaraciones de Bachelet a favor de una nueva constitución dejaron a Escalona con el piso muy débil. El segundo eje está definido por la participación. Ahí la Comisión Política del PS, liderada por Osvaldo Andrade, dejó en claro que no comparte el llamado de Bachelet a favor de mayor participación ciudadana. Después de ser incapaces de cerrar un acuerdo con los otros partidos concertacionistas para participar en primarias el 30 de junio, el PS se esmera en encontrar una forma de hacer primarias convencionales para responder a la demanda que le hiciera la propia Bachelet.  Pero las declaraciones de Escalona, confirmando lo que muchos sospechan sobre los problemas de acarreo e irregularidades en las primarias convencionales, dificultan una salida digna al vergonzante presente de no haber podido realizar primarias dentro del marco de la ley.

 

Como candidata que aspira a la unidad de su partido, de la Concertación e incluso de toda la oposición, Bachelet busca mantener a todos los polluelos en el nido. Por eso, no se atreve a tomar partido por ninguna facción, pese a que la disputa amenaza con destruir el nido y herir las alas de la candidata cuyas promesas han gatillado el enfrentamiento que ahora tienen enfrentadas a las distintas facciones del socialismo chileno.