¿Dará el CEP un paso hacia el presente?

Patricio Navia

La Tercera Blog, Mayo 15, 2013

 

Las especulaciones sobre las razones que motivaron la repentina salida de Arturo Fontaine de la dirección del Centro de Estudios Públicos (CEP) no debieran desviar la atención del enorme desafío que constituye para esa prestigiosa institución el proceso de encontrar a un nuevo director.  Precisamente porque el CEP fue actor fundamental en la consolidación de un modelo de economía de libre mercado cada vez más meritocrático y transparente, la selección del nuevo director debiera responder a la realidad actual de Chile, no guiarse por la vieja forma elitista y opaca de hacer política y negocios—y de ejercer el poder en general—que las políticas públicas promovidas por el propio CEP han ayudado a dejar atrás.

 

Comprensiblemente, la atención periodística se ha centrado en dilucidar la causa que motivó la salida de Fointaine. Las especulaciones van desde la posición militantemente crítica de Fontaine al lucro de facto que existe en muchas instituciones privadas de educación superior hasta las objeciones que ha explicitado Fontaine al estilo de gobierno del Presidente Piñera—e incluso a algunas políticas públicas impulsadas por el gobierno. El amplio espacio que dio el CEP a respetados intelectuales que cuestionaron las cifras oficiales de la CASEN y a otras posturas que algunos conservadores interpretaron como demasiadas amigables con la izquierda pudieron también haber gatillado la petición de renuncia.  Afortunadamente, la creciente independencia y rigurosidad investigativa de la prensa chilena próximamente aclarará las dudas. 

 

Pero hay razones institucionales que también afectan la forma en que se produce el alejamiento del hombre que dirigió el CEP por 31 años.  Si bien Fontaine contribuyó a institucionalizar al think-tank más influyente del país, su propio liderazgo obstaculizó la institucionalización de la dirección del CEP.  El director del CEP no tenía un periodo de ejercicio pre-establecido. No había, al menos no se conocían públicamente, procedimientos de evaluación de gestión y cumplimiento de metas.  Nunca se transparentó cuáles eran las obligaciones y exigencias del director.  Por eso, entre otras cosas, la noticia sobre su alejamiento sorprende tanto. ¿Qué hizo Fontaine que llevó al directorio a pedir su alejamiento? ¿Sabía Fontaine que sus acciones motivarían la petición de renuncia?

 

La salida de Fontaine brinda al directorio del CEP una inmejorable oportunidad para institucionalizar y formalizar el procedimiento de selección del nuevo director y transparentar sus atributos y obligaciones.  De partida, sería una excelente oportunidad para que el CEP hiciera un concurso público para encontrar al nuevo director—como los que el propio CEP promovió en su propuesta de Alta Dirección Pública en el Estado.  Es conveniente que el CEP se sume a las demandas por más meritocracia y más transparencia que existen en Chile y abandone la práctica de reclutamiento de investigadores en procesos opacos, cerrados y restringidos a los reducidos grupos de conocidos de la elite y con los contactos correctos.  Aquello que fue un buen paso para el Estado de Chile también sería una reforma saludable en los think-tanks que buscan influir en las políticas públicas que se diseñan e implementan en el país.  Establecer una descripción de tareas—con derechos y obligaciones, poderes y responsabilidades—y un periodo de duración del cargo (especificándose si puede ser renovable) ayudará al CEP a sentar precedente y establecer una norma de buenas prácticas que influirá sobre otros think-tanks que aspiran a tener la influencia y reputación del CEP.

 

Hace 30 años, la creación del CEP buscaba promover los principios de una economía abierta y competitiva en Chile, disputándole a la dictadura el monopolio que entonces tenía en la promoción de una economía de mercado.  Tres décadas después, el modelo social de mercado está profundamente enraizado en Chile—pese a que algunos hace varias décadas vienen profetizando su inminente fin. El CEP debe estar orgulloso de ser un activo colaborador en la construcción permanente de una economía social de mercado abierta, con marcos regulatorios rigurosos y adecuados, con vigorosa defensa de los derechos de los consumidores, con reglas que promuevan la competencia y emparejen la cancha y con procedimientos transparentes, conocidos y competitivos.  Pero para ayudar a solidificar aún más ese modelo, el CEP debe demostrar que practica lo que predica.  El proceso a través del cual se nombre al nuevo director del Centro de Estudios Públicos debiera ser abierto, transparente, competitivo y ajeno a las viejas prácticas del amiguismo, del pituto y de los clubes de Cachagua.  Lo que es bueno para Chile también es bueno para el CEP.