Longuerizando la campaña

Patricio Navia

La Tercera, mayo 6, 2013

 

La irrupción de Pablo Longueira cambió el curso de la carrera presidencial, arrebatándole protagonismo a Bachelet, fortaleciendo a la UDI y dotando de energía a una derecha que parecía resignada a perder.   Por eso, aunque genere alto rechazo, la nominación presidencial de Longueira obliga a los otros aspirantes a redefinir sus estrategias y a dar la pelea en el campo de batalla escogido por el líder más controversial de la UDI.

 

Entre simpatizantes UDI—aquellos con más probabilidad de votar el 30 de junio—Longueira entusiasma más que Golborne. Si bien RN tiene más simpatizantes que la UDI (6.3% y 3.9% respectivamente en encuesta CEP de diciembre de 2012), el voto UDI es más disciplinado y su capacidad de acarreo es mayor. Por eso, aunque 60 días son poco para alcanzar a Allamand, que lleva seis meses en campaña—Longueira dotó a la UDI de una mística que desesperadamente necesitaba.

 

Para enfrentar a Bachelet, Allamand necesita ser candidato único. Pero Allamand estaría mejor si Golborne aun fuera candidato, herido de muerte. Al ayudar a sacarlo de la carrera, Allamand coadyuvó a la irrupción de Longueira.  Si gana las primarias, Allamand facilitará la unidad de la Alianza ayudando a Longueira a consolidarse como único líder UDI. Luego, podrá buscar el voto moderado que Bachelet ahuyenta con sus propuestas marcadamente izquierdistas. Si pierde ante Longueira, Allamand habrá al menos impuesto la tesis de separar la actividad política de la empresarial. Como Longueira cree lo mismo, los candidatos UDI y RN pelearán duramente por la nominación, pero promoverán los liderazgos políticos sobre los empresariales en la Alianza.  Esa visión apurará todavía más el síndrome del pato cojo en un gobierno con cada vez tiene menos influencia sobre lo que pasa en su coalición.

 

Longueira también ha quitado protagonismo a Bachelet. Además de los problemas que ha tenido Bachelet para coordinar con sus partidos, su estrategia de campaña ha mezclado intempestivos anuncios de reformas profundas con evasivas ante la prensa y ante sus contrincantes concertacionistas.

 

Dada la oportunidad de ganar apoyos moderados que ofrece la polarización de las coaliciones en las primarias, Andrés Velasco también reaccionó, amenazando con retirarse de las primarias. Pero Velasco ya había firmado para ser parte de las primarias concertacionistas sin pedir primero garantías. Igual que Bachelet, que apareció criticando la no realización de primarias después que venció el plazo para inscribirlas, Velasco también demostró poca muñeca política. A diferencia de Longueira, que desactivó primarias en su partido en 24 horas, Velasco y Bachelet estuvieron desconectados de su coalición y fueron incapaces de imponer sus principios. Si hasta hace poco Bachelet tenía enorme ventaja en una carrera que se definía por la cercanía con la gente, hoy Longueira ha fortalecido la tesis de Allamand de que lo que importa es la experiencia política.

 

Longueira aspira a conquistar el voto moderado, aprovechando que la DC es arrastrada hacia la izquierda por la Concertación. Velasco aspira a diferenciarse de Longueira por sus posturas liberales.  MEO desde la izquierda y Parisi desde la derecha también buscarán el voto moderado, que rechaza a esas caras repetidas en la política que tienen secuestrada a la democracia.  Bachelet pronto deberá hacer lo mismo.  Aunque parezca contradictorio, el ingreso de Longueira, el principal líder del partido más derechista en Chile, ha vuelto a poner el foco de esta elección en el centro.