La unidad de la Concertación

Patricio Navia

La Tercera, abril 15, 2013

 

La forma en que la bancada concertacionista vote la acusación constitucional este martes en el Senado mostrará  tanto su cohesión como los fundamentos sobre los que se sustenta su aspiración de volver al poder.  Pero la señal de unidad importará tanto como lo que esa votación revele sobre la hoja de ruta de la Concertación en caso de tener un quinto periodo en el poder.

 

Aunque la multiplicidad de posiciones ideológicas y tácticas a menudo es una señal de fortaleza—en tanto muestra inclusión y diversidad en la coalición—también puede desnudar debilidades estructurales y enviar confusas señales a un electorado que pide una hoja de ruta definida para los próximos años.

 

Porque ha fundamentado su aspiración de volver al poder en su capacidad de dar gobernabilidad, la Concertación necesita mostrar unidad en la votación del martes. Después de haber advertido en 2009 que las opciones eran ellos o el caos, la Concertación se ha beneficiado de los desordenes públicos, las interminables marchas, las peleas internas en la Alianza y los errores no forzados del gobierno (que elevó excesivamente las expectativas cuando dijo haber solucionado en sus primeros 20 días lo que otros no pudieron hacer en 20 años). Aunque parece improbable que se pueda repetir en el futuro, muchos—especialmente en la elite—comprensiblemente añoran la pax concertacionista. 

 

Pero los conflictos entre los partidos de la Concertación (que incluye ahora al Partido Comunista), las denuncias sobre malas prácticas y las discontinuidades entre lo que hizo la Concertación en el poder y lo que ahora promete la candidata favorita de la coalición despiertan también dudas sobre lo que quiere—y puede—hacer la Concertación en caso de volver al poder.  Por eso, la Concertación precisa mostrar cohesión el martes, aun a costa de admitir tácitamente sus propias omisiones y culpas sobre su diseño e implementación de políticas educacionales en las dos décadas en que estuvo en el poder.

 

El voto del martes también dirá más que cualquier declaración de Bachelet sobre cuál será el norte y la hoja de ruta de la Concertación en caso de volver a La Moneda.  Si bien las marchas estudiantiles inequívocamente piden el fin al lucro en la educación—y las encuestas muestran apoyo a las marchas y demandas del movimiento estudiantil—las decisiones que cotidianamente toman los chilenos profundizan y fortalecen el lucro en el sistema de colegios particulares subvencionados.  

 

A su vez, el gobierno aparece arrinconado en la incómoda defensa del lucro y de los que lucran con la educación. Después que el presidente Piñera definiera a la educación como un bien de consumo, de poco sirve destacar las credenciales de Harald Beyer para convencer al Senado a votar contra la acusación. La votación del martes será contra el gobierno.  Como en todo rito de perdón, la Concertación precisa de un chivo expiatorio para demostrar su arrepentimiento y su voluntad de enmendar rumbo. Convenientemente, encontraron uno que ni siquiera proviene de sus filas.

 

Aunque no es para nada claro que el electorado vaya a creer en el ejercicio de arrepentimiento y perdonarla por sus pecados pasados, el ejercicio de arrepentimiento no será creíble a menos que la Concertación vote en bloque por sacrificar al Ministro Beyer este martes. Más preocupada de pedir perdón por el pasado que de mostrar un plan coherente para mejorar la educación en el futuro, la Concertación parece inclinada a privilegiar este martes la unidad por sobre la coherencia ideológica.