Ganar con popularidad, gobernar con ideas

Patricio Navia

La Tercera, marzo 31, 2013

 

El éxito en la política se explica por la popularidad y las buenas ideas. La popularidad sirve para ganar elecciones mientras que las buenas ideas permiten hacer buenos gobiernos. Porque no hay garantías de que los candidatos cumplan sus promesas cuando sean gobierno, los electores privilegian la confianza que generan los candidatos sobre la calidad de sus ideas y propuestas. Resulta inútil intentar ganar una elección a partir de ideas y propuestas, por más buenas que sean. A su vez, privilegiar la popularidad ayuda a ganar la elección pero es una pésima receta para hacer un buen gobierno.  La estrategia electoral de Michelle Bachelet contrasta con la de los otros aspirantes de la Concertación en que si bien ella tiene la mejor chance de quedarse con la candidatura, hay más dudas respecto a qué ideas implementará en caso de volver a La Moneda.   

 

Sus críticos reclaman que Bachelet construye su apoyo más por su simpatía personal que a partir de sus ideas. Al anunciar que construirá su programa de gobierno a partir de diálogos con la gente y escuchando a la ciudadanía, Bachelet confirma la denuncia de que la suya es una candidatura débil en propuestas.  Ya que lidera ampliamente las encuestas, Bachelet quiere evitar crearse problemas especificando sus proyectos y delineando sus propuestas de reformas. Como su base de apoyo incluye a los que quieren terminar con el modelo como a los que aspiran profundizarlo, detallar sus intenciones solo producirá desencanto. Si aspira representar tanto a los movimientos sociales que expresan su descontento como al empresariado que añora la pax concertacionista,  Bachelet hace bien en prolongar su silencio sobre la hoja de ruta de un posible segundo gobierno.

 

Porque son menos populares, los otros aspirantes de la Concertación necesitan una campaña centrada en ideas y propuestas. Aunque también quieren ser respetuosos, deben marcar diferencias con la ex presidenta para lograr que la gente se entusiasme y vote en las primarias concertacionistas. Más aún, precisamente porque temen que un segundo gobierno de Bachelet sea menos continuista con las políticas implementadas por las anteriores administraciones concertacionistas, Velasco y Orrego aspiran a un debate que obligue a Bachelet a comprometerse con una hoja de ruta continuista. A su vez, porque teme que Bachelet abandone las expectativas de profundos cambios institucionales, Gómez también quiere sacar al pizarrón a la ex presidenta.

 

Como ya anunció que su programa se construirá con diálogos ciudadanos, resulta un sinsentido que Bachelet ahora acepte debatir con sus rivales. Por cierto, ya que convocar a la construcción de un programa de gobierno en conjunto con la gente es más atractivo que tratar de convencer a los electores con las ideas de un candidato, las ideas planteadas por Velasco, Orrego y Gómez perderán fuerza ante la estrategia electoral de Bachelet. Por eso, si bien las primarias están programadas para llevarse a cabo en 90 días, los debates entre los aspirantes concertacionistas se retrasarán hasta que concluya el proceso de diálogo con la ciudadanía anunciado y la ex presidenta explicite algunas ideas y propuestas. 

 

Pese a que como candidatos hayan privilegiado la participación, los gobernantes deben adoptar políticas que favorecen algunas posturas y perjudican otros. Por más deliberante que quiera ser, un presidente eventualmente tiene que tomar decisiones. La esencia de los gobiernos representativos es que unos gobiernos y otros pueden premiar y castigar a esos gobernantes en las próximas elecciones. Después de prometer como candidata más participación y advertir que nadie se repetiría el plato, Bachelet empoderó a su Ministro de Hacienda y gobernó con los mismos líderes partidistas de siempre.  Hoy, al centrar su segunda campaña más en su personalidad que en sus ideas, Bachelet demuestra que sabe cómo ganar elecciones, pero también alimenta las especulaciones sobre qué ideas guiarán su gobierno en caso de volver a La Moneda.