Concertación: Síndrome de la carrera ganada

Patricio Navia

La Tercera, marzo 13, 2013

 

La Concertación padece el síndrome de la carrera ganada. Por eso, muchos se llenan de nerviosismo cuando ocurre algún imprevisto que pone en duda la anticipada victoria de Bachelet. En los 18 días que faltan para que se cumpla el plazo autoimpuesto por ella para romper su silencio aumentará la ansiedad en la Concertación. También se evidenciarán las preferencias sobre qué hoja de ruta debiera anunciar Bachelet cuando regrese y se asomarán dudas sobre si ella será capaz de construir un consenso más allá de su propia candidatura, hoy por hoy el único punto que une a la Concertación.

 

Los recientes anuncios de bonos y de aumento del sueldo mínimo realizados por el gobierno de Piñera y la puesta en escena para celebrar su tercer aniversario anticipan que la Alianza dará una fuerte pelea por mantenerse en el poder. Aunque las encuestas no acompañan al gobierno y pronostican que será muy difícil evitar una victoria de Bachelet, los experimentados políticos concertacionistas saben que las ventajas iniciales se pueden perder por malas campañas. Como Bachelet no ha dado señales sobre qué campaña querrá realizar, pero los partidos concertacionistas explicitan sus diferencias de forma y fondo sobre la hoja de ruta a seguir, no parece razonable descartar la posibilidad de que la Concertación se farree la elección.

 

El nerviosismo de ver que los demás se preparan para la campaña, mientras ellos esperan el regreso de su líder sin saber cuál será la orden de batalla, alimenta la preocupación concertacionista. Aunque Bachelet lleva una enorme ventaja, el peor enemigo de cualquier campaña es la confianza excesiva. Como no hay excusa razonable para que un candidato se ausente, la Concertación sólo puede justificar la ausencia de Bachelet a partir de su enorme popularidad. Así, la propia Concertación alimenta el síndrome de la carrera ganada.

 

Como bien aprendió el gobierno de Sebastián Piñera, no hay nada peor en política que elevar demasiado las expectativas. Instalada la percepción de que esta es carrera ganada, cualquier indicio de vulnerabilidad en la candidatura de Bachelet tendrá efectos mayores que si la Concertación -y su candidata- hubiera enfrentado esta elección con humildad y con voluntad de aplanar las calles desde el día uno, trabajando para ganarse el voto de las personas. Así como una irreflexiva promesa de campaña en 2005 -que nadie se repetiría el plato- definió el mensaje de la exitosa primera campaña de Bachelet, la promesa de hablar en marzo ha definido esta nueva campaña. El síndrome de la carrera ganada se enfrenta ahora con la duda sobre el contenido del esperado mensaje de Bachelet.