Por qué Bachelet querrá retrasar su regreso

Patricio Navia

La Tercera, marzo 4, 2013

 

Cuando dijo que hablaría en marzo, Bachelet nunca especificó quiénes serían sus interlocutores. Porque la ex Presidenta necesita una coalición ordenada para que valga la pena poner en riesgo su capital político personal, Bachelet deberá aclarar las cosas con su coalición antes de oficializar su candidatura presidencial.

 

Los presidentes electos nunca tienen más poder que antes de nombrar a su primer gabinete.  Porque el costo de cambiar un gabinete muy pronto es demasiado alto, apenas son nombrados, los nuevos ministros pueden comenzar a mostrar independencia e indisciplina. El gran desafío de todo presidente es administrar la inevitable fuga de poder que se comienza a producir apenas toman sus primeras decisiones.

 

Como es la única carta que tiene la coalición -y debido a que los concertacionistas ya dan por seguro que ella ganará las elecciones-, Bachelet está en condiciones de exigir lo que quiera a los cinco partidos que componen la Concertación. Pero apenas Bachelet regrese a Chile disminuirán los incentivos de los partidos para cumplir las promesas que ahora realicen. Después de todo, apenas declare su candidatura, Bachelet comenzará a perder poder. Los partidos prometerán hoy primarias para todos los cupos, pero luego sólo querrán realizarlas donde sea necesario. Aunque ahora acepten que la única con derecho a repetirse el plato es la propia Bachelet, apenas ella asuma la candidatura comenzará esa pendiente resbaladiza que llevará a la Concertación a querer volver a las viejas prácticas.  Después de todo, si Bachelet va a ganar igual, ¿qué sentido tiene realizar concesiones que lleven a los poderes fácticos de los partidos concertacionistas a perder poder? Más aún, ya que el retorno a La Moneda se considera cierto, tiene poco sentido incurrir en los costos de primarias competitivas y legítimas. Nadie, ni siquiera los partidos de la Concertación, están obligados a actuar en contra de su propio beneficio.

 

A sabiendas de eso, Bachelet  sólo puede usar una herramienta de amenaza para inducir a la Concertación a la renovación.  Por cierto, si no está comprometida con la renovación, Bachelet tiene pocos incentivos para retrasar su regreso. Pero si sigue creyendo que la única forma de asegurarse de que nadie se repita el plato es repitiéndoselo ella, su mejor herramienta para lograr el alineamiento de los partidos de la Concertación con su plataforma de renovación es amenazándolos con no venir a menos que los partidos acepten públicamente sus condiciones. Como los partidos concertacionistas están en el Dicom de la credibilidad, el compromiso que Bachelet necesita sólo lo puede conseguir forzando a los partidos a materializar su compromiso con la renovación antes de que ella tome el avión de vuelta.

 

Aunque hace cuatro años Ricardo Lagos intentó infructuosamente poner condiciones para aceptar una candidatura presidencial, Bachelet hoy está mucho mejor posicionada en las encuestas y la Concertación ya sufrió una dolorosa derrota por no querer negociar con su mejor carta. Mientras más se demore en regresar y más explicitadas estén las condiciones, más difícil será para la Concertación encerrar a Bachelet en las impopulares malas prácticas que esa coalición ya le impuso en su primer período.  Porque sabe que ella es el único salvavidas que tiene hoy su coalición, Bachelet debiera imponer sus condiciones antes de que se decida a venir al rescate de la Concertación.