Más político que líder

Patricio Navia

La Tercera blog, febrero 27, 2013

 

Más político que líder, y más hábil tras bambalinas que en la arena de la opinión pública, Adolfo Zaldívar fue más respetado y temido que admirado y querido.  Porque nunca construyó escuela ni supo forjar alianzas duraderas, Zaldívar deja más recuerdos que legados.

 

Zaldívar participó activamente en los esfuerzos por recuperar la democracia.  Aunque despreciaba profundamente a la izquierda—a quienes culpaba por el golpe de 1973—también rechazaba con ahínco a los derechistas que apoyaban a la dictadura.  Él siempre fue un DC, conservador en lo valórico y progresista en lo social, comprometido con la democracia.

 

En 1989, Zaldívar buscó infructuosamente un escaño en el Senado representando a Atacama.  En 1993, entró al Senado representando a Aysén, la región con menos población del país. En 2001, logró la relección con menos votos que en su primera elección.  En 2009, no se presentó a un tercer periodo. Expulsado del PDC, resultaba cuesta arriba intentar mantener su escaño como independiente.

 

En el Senado, como las encuestas de popularidad nunca lo acompañaron, Zaldívar intentó construir poder desde su partido. Después de la crisis del PDC en 2001—cuando el partido no inscribió debidamente a sus candidatos y debió aprobarse con urgencia una ley para permitirles la inscripción—Zaldívar (que sí se había inscrito correctamente) llegó a la presidencia del partido. Sus choques con el Presidente Lagos generaron fuerte tensión en el gobierno.  Lagos se resistió a la presión a que nombrara a aliados del presidente DC en puestos de confianza del gobierno.

 

En 2005, Zaldívar fue de los primeros en abandonar a la candidata presidencial del partido, Soledad Alvear.  Cuando la entonces diputada Maria Rozas, al lado de Alvear cuando renunció a su candidatura, habló de traición, le estaba enviando un mensaje a Zaldívar.  En el comando de campaña de Bachelet, Zaldívar entregó experiencia, pero también introdujo tensión y muñequeo.  Como político de fuste y operador eximio, Zaldívar siempre estuvo preocupado de impulsar los valores conservadores de la DC y de que los puestos de gobierno se distribuyeran a sus aliados.  La relación con Bachelet no fue fácil.  Después de dejar la presidencia del PDC, Zaldívar se convirtió en férreo opositor.  Publicó incluso un anuncio de una página en un periódico contra el Ministro de Hacienda Andrés Velasco.  Su expulsión del PDC en 2007 fue resultado de una serie de desencuentros producto, al menos en parte, de su estilo duro y conflictivo.

 

Su rol protagónico como senador de la Alianza, después de su expulsión del PDC, lo distanció de su partido, pero le permitió dar fuerza al PRI, partido del que Zaldívar fue primer indiscutido líder, pero del que también se terminó alejando después de dejar el senado en 2010. Su apoyo a Piñera en la campaña de 2010 fue más simbólico que significativo en votos. Después de todo, Zaldívar tenía más fuerza en los pasillos de la política que en las plazas públicas.  Su desempeño como embajador en Argentina no estuvo exento de polémica, pero su habilidad política permitió que las relaciones bilaterales se mantuvieran en buenos términos. 

 

Polémico participante en numerosas batallas, aguerrido y pertinaz político con más aliados circunstanciales que amigos entrañables, Adolfo Zaldívar fue conocido más por su estilo frontal que por su amistad cívica. Incuestionable protagonista de la política chilena post Pinochet, Zaldívar murió tempranamente, aunque su carrera política se acabó todavía antes.