Réplicas tardías

Patricio Navia

La Tercera, febrero 8,  2012

 

La polémica que se ha generado en torno a las revelaciones sobre las declaraciones judiciales de la ex Presidenta sobre el terremoto del 27 de febrero de 2010 anticipa algunos de los elementos que caracterizaran la campaña presidencial, pero también desnuda las debilidades de la estrategia del silencio de la ex presidenta.

 

No hay información nueva en las revelaciones. Hubo una incuestionable falla en la respuesta gubernamental.  Las responsabilidades penales aun deben ser establecidas. Hasta ahora, los aliados de Bachelet se han centrado en protegerla para que no se le atribuya responsabilidad penal. Pero el debate sobre su responsabilidad política cobrará fuerza en los días en que se honren la memoria de las víctimas y durante la campaña presidencial.

 

Desde la Alianza y el gobierno, hay posturas contrapuestas sobre cómo utilizar el tema para dificultar la re-elección de Bachelet. Mientras algunos buscan cuestionar la capacidad de mando y liderazgo de Bachelet, otros aspiran a usar su silencio sobre su responsabilidad política como evidencia de que la ex Presidenta está más preocupada de su propia carrera política que del dolor de los familiares de las víctimas del tsunami.  Si bien las estrategias pueden ser complementarias, ambas ponen el foco más en las críticas a Bachelet que en el dolor causado por las falencias del gobierno y del Estado. 

 

Los voceros de facto de Bachelet han salido a defenderla con ahínco. Al convertir el debate en una disputa entre la Concertación y la Alianza, los guardaespaldas políticos de Bachelet buscan proteger el principal activo que posee la coalición centro-izquierdista, la simpatía de la ex presidenta.  Como es difícil argumentar que el terremoto demostró que Bachelet ejercía liderazgo o que su gobierno estaba preparado para reaccionar ante tal desastre, los concertacionistas hábilmente han convertido el debate sobre las responsabilidades de Bachelet en un concurso sobre la simpatía de la ex presidenta.  En tanto los acusadores de la Alianza sean impopulares políticos, la estrategia bien pudiera funcionar.

 

El silencio de Bachelet da a la Alianza una oportunidad para desmitificar la imagen de la ex presidenta.  El hecho que la defensa de Bachelet sea asumida por líderes tradicionales de la Concertación amarra a la ex presidenta con su impopular coalición. Además, en la medida que la Alianza escoja bien a los voceros que lideren los cuestionamientos, el silencio de Bachelet puede ser presentado como evidencia de su distancia con el sufrimiento de los chilenos o, en el mejor escenario para la Alianza, como falta de coraje moral de la ex presidenta para asumir su responsabilidad política.

 

Las próximas semanas presentarán un escenario complejo para Bachelet. Hasta ahora, la estrategia del silencio le ha permitido mantener una alta popularidad. Pero ese mismo silencio inevitablemente recordará a lo chilenos que en las horas posteriores al terremoto, el gobierno de Bachelet brilló por su ausencia e incumplió sus obligaciones.