Reconciliación binacional

Patricio Navia

La Tercera, enero 14, 2013

 

En un pais donde la lucha contra la desigualdad convoca mayorías y la inclusión social se ha convertido en la meta prioritaria, era cosa de tiempo para que la marginación y exclusión que históricamente han afligido al pueblo mapuche se convirtieran en prioridad nacional.

 

La decisión del gobierno del Presidente Piñera de repensar profundamente las políticas de integración y reparación hacia los mapuches constituye un paso importante en la dirección correcta. Después de que el gobierno se allanara a modificar la Ley de Seguridad Interior del Estado en 2010, ante la huelga de hambre de comuneros mapuches, otras prioridades nacionales llevaron a que gobierno y oposición dejaran de preocuparse de la cuestión mapuche. Los hechos de violencia recientes han vuelto a poner el foco de la opinión pública en el conflicto mapuche. Aunque declaraciones destempladas de varios involucrados y propuestas de soluciones fáciles para un problema reconocidamente complejo -y duradero- han enturbiado las aguas, La Moneda tiene ahora una gran oportunidad para demostrar que su nueva forma de gobernar difiere tanto de las políticas paternalistas y simplistas de los gobiernos de la Concertación como de la tentación a imponer la fuerza por sobre la razón que a menudo se apodera de la derecha.

 

La disposición de numerosos líderes mapuches para realizar una cumbre con el gobierno nacional debiera ser vista más como una oportunidad que como una provocación separatista y autonomista. Los continuos llamados a un reconocimiento constitucional a los pueblos originarios -y la aceptación de Chile como un Estado multinacional- no debieran ser rechazados sumariamente. Lo chileno no se debilitará cuando el Estado dé reconocimiento constitucional a los mapuches. Chile será un país más rico y diverso -y más honesto consigo mismo- cuando los mapuches sumen sus fuerzas a la causa del desarrollo y la integración.

 

Todos los que han crecido en La Araucanía -mapuches, descendientes de colonos y chilenos llegados desde otras regiones, como yo- compartimos el amor por la tierra y la certeza de que el futuro debe ser de paz y desarrollo. ¡Qué mejor forma de empezar a construir ese futuro que sentando a todos los involucrados a los pies del Ñielol a parlamentar! El camino no será fácil, la construcción de confianzas tendrá obstáculos y retrocesos, pero si el país finalmente se atreve a “mirar a los mapuches”, como tan acertadamente recomendara José Saramago a la ex Presidenta Michelle Bachelet, entonces el recuerdo del alevoso asesinato de los esposos Luchsinger Mackay estará ligado al redentor y liberador momento en que chilenos y mapuches comenzamos a construir un mejor presente.