Preparando el final

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 18, 2012 (edición de regiones)

 

En un año, Chile tendrá nuevo presidente electo. Pese a sus problemas de popularidad, el Presidente Piñera puede entrar a la historia por la puerta ancha si convierte en su primera prioridad la victoria de la Alianza en 2013. Al hacerse cargo que la suma de sus aciertos y errores contribuyó a crear un país distinto, Piñera ayudará a consolidar la percepción de que hay que seguir avanzando. Al sacrificar su propio protagonismo, Piñera también arrastrará consigo a la vieja guardia concertacionista, promoviendo la percepción de que para construir futuro, Chile no debe buscar respuestas en sus éxitos y fracasos del pasado.  

 

Dado que la Alianza celebrará primarias, La Moneda tendrá poca capacidad para influir en el nombre del candidato presidencial de su coalición. Como resulta inevitable que los candidatos oficialistas critiquen al gobierno saliente si la aprobación presidencial es baja, La Moneda se encuentra en una posición especialmente incómoda.  No tiene herramientas para influir en el proceso de selección de candidato y no tiene suficiente capital político para que los precandidatos se esmeren en ser leales al gobierno.

 

Pero en vez de resistirse, el gobierno debe aprovechar la oportunidad que brinda el síndrome del pato cojo y la creciente preocupación con la carrera presidencial para marcar diferencias con la Concertación. Aunque tenga buenos recuerdos de la última administración concertacionista, la gente intuye que Chile ya no es el mismo.  Las prioridades que impulsó el gobierno actual se hicieron cargo de los cambios en la sociedad chilena que explicaron la derrota concertacionista de 2009.  Las políticas adoptadas por el gobierno también han profundizado esos cambios. La gente empoderada exige más respeto a sus derechos de consumidores y de ciudadanos. Los chilenos esperan y demandan más competencia. Contrario a los profetas del apocalipsis que anticipan el fin de la economía social de mercado, el modelo está más legitimado que nunca. De hecho, la gente marcha en las calles por mejores mercados, más competitivos y más regulados.

 

El gobierno puede ayudar a que el escenario electoral de 2013 se enfoque en el futuro. El empleo, el crecimiento y el consumo son banderas históricas de derecha. Una vez que los ciudadanos se transforman en consumidores, quieren un Estado que regule y promueva la competencia, no uno paternalista, abusivo e ineficiente. Como el país pide a gritos respuestas a los nuevos desafíos, el gobierno puede alimentar la percepción de que las viejas recetas ya no sirven. Cuando se hace adulto, la gente no se contenta con los mismos regalos de navidad que lo alegraban en la adolescencia.  La nostalgia concertacionista por un estado de bienestar que nunca existió representa una inmejorable oportunidad para asociar a la centroizquierda con el pasado ante un electorado que ansiosamente demanda respuestas de futuro.  

 

Al promover la percepción de que hay fatiga de materiales en toda la clase política que hizo la transición y dirigió al país en estos 24 años, el Presidente Piñera apurará el ocaso de su propia administración. Al igual que el tratamiento contra el cáncer mata células amigas y enemigas, la estrategia de promover miradas de futuro enviará tanto a Piñera como a la ex presidenta Bachelet—las más probable candidata de la Concertación—a los anales de la historia. Mejor aún, brindará una inmejorable oportunidad a su coalición para que abra las grandes alamedas del futuro de Chile.