Pactando con el PC

Patricio Navia

La Tercera, diciembre 2, 2012

 

Las pocas razones que justifican un rechazo de la DC a un pacto político con el PC  son evidencia más de la pérdida de identidad demócrata cristiana que una señal de la conveniencia de forjar una alianza con el partido cuya ideología está en las antípodas de los que cree la DC.

 

A dos décadas del fin de la guerra fría y 23 años después de recuperada la democracia, no es fácil identificar diferencias ideológicas entre el PDC y el PC. El apoyo del comunismo a las dictaduras de Corea del Norte, Siria o Cuba es difícil de entender, pero no tiene implicación política real en Chile.

 

En tanto el capitalismo resultó victorioso en la guerra fría, todo haría suponer que la fórmula de reformas pragmáticas y graduales al capitalismo debiera imponerse sobre la postura PC que aspira abolir el capitalismo. En las dos décadas de gobiernos concertacionistas se impuso la visión del PDC, aunque el apoyo electoral con ese partido y la identificación de la gente con el PDC sufrieron una caída sostenida.  

 

Al ser víctima del éxito de su estrategia de moderación, el PDC buscó un nuevo domicilio ideológico, optando por posturas crecientemente de izquierda. En vez de conquistar el electorado de centro derecha—compitiendo o aliándose con RN y aislando a la UDI en la derecha extrema—el PDC optó por fortalecer su perfil de izquierda. Pero esa estrategia fracasó en ampliar la base electoral DC y ahuyentó a los votantes moderados, el bloque electoral más poderoso, que además otrora fue una sólida base de apoyo del PDC.

 

Aunque es comprensible que el PDC se haya distanciado de la derecha en dictadura—y sea razonable que se resista a alinearse con aquellos que creen que el modelo no precisa de afinamiento—la cercanía con el PC parece levanta sospechas sobre la profundidad de las convicciones de una economía social de mercado que dice tener el PDC.

 

Resulta errado acusar al PC de insuficiente vocación democrática en política nacional. El PC ha demostrado que cree en las reglas del juego democrático y las respeta. Pero con la misma convicción, el PC promueve la superación del capitalismo y su remplazo por un modelo que no ha funcionado en ninguna parte y que, peor aun, está en las antípodas de lo que defiende el PDC.

 

Hasta ahora, el debate sobre una coalición política PDC-PC se ha centrado en las responsabilidades de ambos partidos en el quiebre de la democracia. Pero se ha hablado mucho menos de las visiones y sueños de país de ambos partidos. Si la interpretación de la historia de 1973 que predomina en el PC es muy distinta a la del PDC, los proyectos de país que tienen ambos partidos son todavía más distantes. Mientras el PC quiere superar el capitalismo, el PDC aspira a mejorarlo.

 

Es verdad que partidos que piensan distinto pueden formar coaliciones temporales con objetivos concretos. Pero después que la causa de la recuperación democrática no fue suficiente para unir al PC y al PDC, resulta poco creíble que hoy ambos partidos se alíen tras la bandera de sacar  a la derecha del poder. Resulta incomprensible que el PDC piense que su declive electoral se puede revertir corriéndose a la izquierda y no buscando recuperar su discurso histórico—y exitoso—de que la única revolución posible es en libertad y sólo se puede construir sobre un capitalismo más incluyente y con rostro humano. Después de todo, ese discurso ha resultado ganador en todas las elecciones en Chile desde 1989, aunque el PDC ya no sea el partido al que la gente asocie con esa visión.