Silencio otorga

Patricio Navia

La Tercera, noviembre 12, 2012

 

Aunque la estrategia del silencio ha funcionado, ahora que el cambio de gabinete ha desatado la campaña presidencial, la ausencia de Bachelet será costosa para su postulación. Sus rivales podrán caricaturizar su candidatura y resaltar sus debilidades. Porque las campañas se ganan gastando y recorriendo calles, es riesgoso querer ganar sin recorrer Chile pidiendo humildemente el voto.

 

Los aspirantes presidenciales en la Alianza y oposición comparten un interés común. Sus probabilidades de llegar a La Moneda dependen de revertir la actual ventaja en las encuestas de la ex Presidenta Bachelet. Hay discrepancias en cuál es la mejor forma de conseguir ese objetivo. La estrategia de acusaciones impulsada desde el oficialismo no ha producido resultados. Pero es distinto cuando las críticas las realizan impopulares parlamentarios que cuando los cuestionamientos los hacen dos figuras altamente valoradas. Allamand y Golborne podrán disfrazar sus críticas como contrastes. Al explicar cómo habrían reaccionado ellos ante el Transantiago o el terremoto, podrán cuestionar a Bachelet sin aparecer como francotiradores.  Es más, si se animan a prometer que respetarán la promesa de no repetirse el plato, amenazarán la línea de flotación de la candidatura de Bachelet, su credibilidad.

 

 

Algunos en la Alianza intentan asociar a Bachelet con la izquierdización de la Concertación. Pero al advertir sobre los riesgos de negociar con el Partido Comunista, esos líderes polarizan la discusión en un estilo que retrotrae al país al plebiscito de 1988.  Para la opinión pública, haber apoyado a Pinochet es peor que ser miembro del PC.  Por eso, la Alianza debiese dejar las críticas a la izquierdización de Bachelet a los aspirantes de la Concertación. Nadie más interesado en arrinconar a la ex presidenta en la izquierda que sus rivales en la Concertación. Es más, caracterizar a Bachelet como parte del pasado y garantía del retorno del cuoteo partidista y de las caras viejas de la Concertación es mucho más creíble si lo hacen las figuras de recambio de la centro-izquierda que si lo intentan desde la Alianza.

 

En vez de cuestionar a la Concertación por su poca disposición a llegar a acuerdos programáticos, los candidatos opositores extra Concertación debiesen abrazar las primarias abiertas de toda la oposición para la nominación presidencial, pero también para senadores y diputados. Si da un golpe a la cátedra y llama a primarias para todos los puestos de elección popular, ME-O tensionará la relación entre Bachelet-que necesita legitimarse en primarias-y los líderes concertacionistas-que aceptan primarias para la presidencial, pero quieren reservarse la nominación de candidatos a senadores y diputados.

 

Aunque la popularidad de Bachelet es como un globo de helio, mientras más se demore en volver ahora que se ha iniciado la carrera, más pesos pondrán sus rivales en la canasta de la que será su plataforma presidencial. La Concertación arriesga ser un yunque demasiado pesado para que Bachelet logre alzar el vuelo cuando regrese. Igual que los ministros presidenciables de la Alianza que no se atrevieron a renunciar a sus puestos, y salir a la calle, gastando zapatos, para ganar la elección municipal, Bachelet corre riesgos altos al retrasar su regreso.  Es cierto que volver ahora implica costos-debatir ideas y  explicar errores y desaciertos. Pero guardar silencio y olvidarse que las elecciones se ganan en la calle resultará todavía más costoso.