Derrota de la democracia

Patricio Navia

La Tercera, octubre 29, 2012

 

La única razón por la que la celebración de la Concertación anoche fue incompleta fue la baja participación electoral.  Además de pasar de 147 a cerca de 170 comunas, la Concertación también se anotó victorias en comunas simbólicas.  Sólo en la Región Metropolitana, propinó duras derrotas a la Alianza. Los acongojados rostros de los líderes aliancistas constituyeron la mejor evidencia de que después de su dolorosa derrota en la presidencial de 2009, la Concertación tuvo anoche inmejorables razones para celebrar.

 

Pero la caída en la participación electoral, de 6,4 millones de votos válidos en 2009 a aproximadamente 5,5 millones en 2012, es una señal de preocupación.  La adopción de la inscripción automática, que llevó el padrón a 13,4 millones de personas, presentaba una incógnita sobre cuántos chilenos votarían. Aunque se estimaba que serían pocos los nuevos electores, pocos esperaban que la cantidad de votantes disminuyera respecto a 2008. La caída en los votos válidos—que llevó la participación de un 58% de los mayores de 18 años a menos de 45% en 2012—es una advertencia sobre los desafíos que enfrenta la democracia.

 

Pero es exagerado declarar que la democracia chilena está en crisis terminal. En las democracias avanzadas con participación voluntaria, las contiendas municipales atraen sustancialmente menos gente las elecciones presidenciales. Suponer que todos los que se abstuvieron están descontentos con el sistema es tan equivocado como alegar que son ciudadanos a quienes no les importa la política precisamente porque las cosas están bien. Si bien nadie puede atribuirse la voz—ni la representación—de los que no votaron, la clase política ha recibido una advertencia del electorado. Pero ya que también hubo abstencionismo en comunas donde hubo cerrada competencia, el mensaje de los que no votaron no puede ser confundido como una voz homogénea y uniforme.

 

La experiencia de otros países con votación voluntaria nos enseña que la gente de menos ingresos y de menos educación vota menos.  Los jóvenes también votan menos.  Cuando la votación es baja, el efecto del dinero en las campañas es mayor. El sistema político debe adaptarse a los incentivos que presentan la inscripción automática y el voto voluntario. Antes de apurarse a pedir un regreso a la votación obligatoria, corresponde analizar mejor la multiplicidad de causas que explican por qué distintas personas optaron por no participar.

 

Por cierto, cuando baja la votación, el peso electoral de los militantes y partisanos aumenta.  La Concertación probablemente se benefició de tener una base electoral más amplia y disciplinada que la Alianza. Precisamente porque la Concertación genera tanto rechazo en la ciudadanía como la Alianza, su victoria probablemente se explica porque hay más chilenos que votan Concertación a todo evento que los que votan Alianza a todo evento.

 

Además de ser las dos noticias de la noche, la victoria de la Concertación y la baja participación—que representa una derrota de la democracia están unidas—están directamente relacionadas.  Cuando los chilenos más partisanos fueron a votar y los moderados y menos interesados se quedaron en casa, la Concertación se anotó una victoria tan bienvenida como inesperada.