Mi voto por Josefa Errázuriz

Patricio Navia

La Tercera, octubre 27, 2012

 

Como votante inscrito en Providencia desde 2005—y como residente de esa comuna hasta 2011—apoyo a Josefa Errázuriz tanto por  lo que representan y simbolizan su candidatura y campaña como por mi rechazo a la forma en que el actual alcalde Cristián Labbé entiende las obligaciones y responsabilidades que implica ser el líder democráticamente electo de una comuna tan diversa y plural.

 

Desde una perspectiva puramente administrativa, Labbé no ha sido un mal alcalde. La comuna posee una cantidad adecuada de servicios. La educación municipal es de calidad. La basura se recoge a tiempo y las calles están limpias. Pero Providencia es una de las comunas con más altos ingresos en el país, con abundantes recursos y limitados problemas sociales. Hacer las cosas bien no es un mérito.  Independientemente de quién gane mañana, Providencia seguirá siendo bien administrada. 

 

Un alcalde debe saber administrar, pero no basta con ser buen administrador.  Los alcaldes también deben poseer atributos de liderazgo y capacidad de incluir la diversidad de visiones y perspectivas que existen en la comuna. Las vidas públicas de los alcaldes deben ser intachables toda vez que ellos representan a la comuna ante el país y el mundo.  Los alcaldes deben tener don de mando, pero también voluntad de diálogo.  En fin, deben combinar atributos que comúnmente poseen los militares y las dueñas de casa.

 

Un buen alcalde debe ser capaz de representar adecuadamente los valores y principios de los residentes de su comuna. De ahí que la trayectoria pública del alcalde—y si el propio alcalde la ha hecho pública, también su vida privada—no puede ser un tema recurrente de debate y discusión.  Si de algo podemos estar seguros en política es que los personajes públicos cuyas carreras han estado marcadas por la polémica y cuyas hojas de vida tienen repetidos actos reprobables seguirán dándonos incómodas sorpresas en el futuro.  Entre un alcalde cuyo currículum incluye haber sido ferviente partidario de la dictadura—y orgulloso defensor del legado de violaciones a los derechos humanos—y una mujer con poca experiencia administrando comunas, apuesto por la capacidad de la segunda a aprender rápidamente sus tareas más que a la posibilidad de que el primero desaprenda los valores y principios que han guiado su vida.  

 

Discrepo con aquellos que consideran que haber trabajado para la dictadura inhabilita a alguien moralmente para ejercer un cargo público.  En un Chile profundamente polarizado y en un mundo dividido por la guerra fría, muchos tomaron decisiones que hoy no tomarían.  Pero patrocinar hoy apologías a violadores a los derechos humanos refleja una profunda falla de carácter y evidencia equivocados valores.

 

Los alcaldes deben respetar a sus electores. Al negarse a participar en un debate con Josefa Errázuriz, Labbe negó a sus electores la posibilidad de analizar y evaluar las opciones que tienen para alcalde. No basta con alegar que su desempeño es su carta de presentación.  Precisamente si estuviera tan confiado de su cometido y visión, Labbé no hubiera negado a los votantes de Providencia el legítimo derecho de ver a los candidatos enfrentarse en un debate respetuoso y vigoroso sobre sus propuestas y planes para potenciar el desarrollo de la comuna.  Los alcaldes deben reconocer que están en sus puestos por voluntad de sus electores y actuar en consecuencia.

 

No comparto todas las posturas de Josefa Errázuriz.  Mi voto en las primarias de Providencia fue para Cristobal Bellolio, que tenía posturas más liberales. Discrepo con la posición que Errázuriz ha tomado respecto a cómo lidiará con las tomas de establecimientos educacionales.  También me preocupa que ella no haya explicitado posturas sobre cuestiones políticas importantes y asuntos clave de la administración comunal.  Pero discrepo mucho más de las posturas de Labbé y me siento en las antípodas de su ideología y su estilo.

 

En democracia, las elecciones a veces dejan el sabor de haber escogido el mal menor. Ya que ningún candidato va a satisfacer plenamente a miles de votantes (y algunos candidatos se ven obligados a hacer tantas concesiones que al final ellos mismos se sienten incómodos con sus posturas), los electores siempre quedan con un dejo de insatisfacción. Errázuriz no es mi candidata ideal.  Pero para construir mayorías, hay que estar dispuesto a hacer concesiones.  Así y todo, voto por Errázuriz con entusiasmo porque sé que aunque discrepe de sus posturas, habrá mucho más espacio para el diálogo y la deliberación en Providencia si ella resulta ganadora mañana.  

 

Al referirse a ella como dueña de casa, Cristián Labbé buscó ningunear a su rival y restarle mérito a las legítimas aspiraciones de Josefa Errázuriz. Al rechazar debatir con su rival, el alcalde en ejercicio dejó ver sus propias debilidades, evidenció su irrespeto a sus adversarios y desnudó su falta de convicción democrática. De paso, ayudó a que la elección se convirtiera en un referéndum sobre su polémica personalidad.  Aunque carezca de experiencia administrando una comuna, Josefa Errázuriz no carece de méritos para ser una gran alcaldesa. Tal vez precisamente porque entre sus atributos está ser dueña de casa, Errázuriz constituye una opción razonable y convincente para aquellos que aspiran a que Providencia no sea solo una comuna bien administrada sino también un hogar donde todos sus residentes puedan convivir con respeto y trabajar juntos para hacer de Providencia una mucho mejor comuna.