Pelearse con la contraloría

Patricio Navia

La Tercera, octubre 15, 2012

 

Hay pocas estrategias más contraproducentes en la política que pelearse con la Contraloría. Nuestro diseño institucional le otorga al contralor el mismo poder que el que tiene el árbitro en la cancha de fútbol. Cuando la contraloría advierte, lo mejor es cumplir sin comentar. Cualquier señal de inconformidad será interpretada como intención de desacato y aumentará la severidad de la respuesta de Contraloría. Aunque es razonable que la Alianza quiera tener sus mejores rostros en la campaña, la Contraloría ha dejado claro que la mejor forma de hacerlo es con un cambio de gabinete. 

 

Al rayar la cancha a los ministros presidenciables, la Contraloría envió un mensaje claro al actual y a futuros gobiernos. Los ministros no deben usar la exposición pública que le dan sus cargos para hacer campaña. Además de incumplir sus tareas de gobierno, los ministros en campaña disimuladamente usan los recursos humanos, pagados con plata de todos los chilenos, para construir sus plataformas. Aun los que se esmeran en crear cortafuegos entre sus equipos estratégicos de campaña y sus asesores de gobierno dedican incontables horas de oficina a planificar sus estrategias electorales.

 

Cuando era oposición, la Alianza correctamente denunció a la entonces gobernante Concertación por poner el aparato público a disposición de las campañas oficialistas. En 2009, el Ministro de Hacienda fue duramente criticado por trabajar en documentos de la campaña del candidato oficialista Eduardo Frei cuando estaba en horas de trabajo en una sesión del Congreso. Además que resulta inconveniente reproducir las malas prácticas de gobiernos anteriores, cuando los ministros presidenciables minimizan el tirón de orejas de la Contraloría evidencian un insuficiente respeto por la institución encargada de velar por la probidad.

 

Es perfectamente razonable—y electoralmente conveniente—que el gobierno pongan toda la carne en la parrilla para apoyar a los candidatos de RN y la UDI en las elecciones municipales.  El resultado del 28 de octubre será la primera gran evaluación popular del gobierno de Piñera. El gobierno parece convencido de que la baja aprobación presidencial tiene más que ver con una equivocada estrategia comunicacional que con su desempeño. Por eso, tener en campaña a los rostros más populares de la Alianza sería la mejor estrategia para minimizar el efecto negativo de la baja aprobación presidencial en las comunas donde el alcalde no va a la re-elección y la disputa se tiñe con las tendencias políticas nacionales.  El dictamen de la Contraloría pone al gobierno contra la espada y la pared. Si quieren poner sus mejores nombres a trabajar en la campaña, deberá hacer un cambio de gabinete.

 

Ningún gobierno quiere apurar su propio ocaso. La Moneda aspira a retrasar lo más posible el inicio de la campaña presidencial.  Pero no hay peor forma de empezar el último año de mandato que después de una derrota oficialista en la contienda municipal. Tampoco hay mejor forma de dar el puntapié inicial al último año que con una victoria electoral tapaboca a los que presagian una derrota oficialista en las próximas presidenciales.

 

Independientemente de si hay cambio de gabinete, la peor forma de responder al dictamen emitido por la contraloría es ignorando o cuestionando el fallo del árbitro. En un ambiente crecientemente electoralista, condicionar al árbitro con una actitud que se parece al desacato es la peor estrategia posible.