Movimiento estudiantil repitente

Patricio Navia

La Tercera, octubre 1, 2012

 

Al no actualizar su estrategia y mensaje a la realidad política generada a partir de su propio éxito, el movimiento estudiantil ha sido poco influyente en 2012. Porque creyó que tendría la misma fuerza que cuando remeció al país en 2011, el movimiento estudiantil se amplió tanto que terminó por convertirse en un actor secundario en la campaña municipal.

 

En 2011, el movimiento estudiantil sorpresivamente dominó el debate político y redefinió la agenda. En 2012, aprovechando las altas expectativas que generaron los propios líderes estudiantiles—que anunciaban un amplio movimiento social—el gobierno fue capaz de retomar el control de la agenda.  Al centrar el debate en los proyectos de ley en el Congreso y en la implementación de las reformas institucionales, La Moneda quitó protagonismo a los estudiantes.  Otros asuntos sociales también restaron importancia al movimiento. Si hubieran repasado historia, los líderes estudiantiles habrían recordado que nunca un movimiento social fue capaz de monopolizar la atención pública por demasiado tiempo. Peor aún, incluso las pocas revoluciones no armadas exitosas siempre devienen en acuerdos políticos que permiten a los triunfadores capitalizar sus victorias en poder político.

 

Después de que en 2011 la educación fuera considerada como el principal problema del país por un 32.4%, sólo un 20.7% la identificó como tal en 2012 (encuesta ICSO-UDP). En 2012, la delincuencia recuperó su tradicional sitial como el principal problema, relegando a la educación al segundo lugar.

 

El gobierno inteligentemente diferenció las demandas entre reformas razonables y peticiones imposibles.  Mientras los estudiantes pedían fin al lucro, el gobierno modificó las condiciones de los créditos universitarios, mejorando la situación de miles de deudores.  A la par que los estudiantes pedían fortalecer la educación pública, el gobierno impulsó una reforma tributaria que entrega beneficios a padres que matriculan a sus hijos en colegios particulares subvencionados.  Mientras los estudiantes hablaban del fin del modelo económico, el gobierno implementó reformas que fortalecían la institucionalidad y mejoraban la rendición de cuentas. 

 

El inicio de la campaña electoral municipal ha mostrado las limitaciones de la estrategia estudiantil. Los candidatos a alcaldes hablan de los temas que interesan a sus electores.  La educación comparte prioridades con la seguridad, la vivienda, la pobreza y los programas para la tercera edad.  Después de argüir que sus demandas eran ciegamente apoyadas por la población, varios líderes estudiantiles ahora llaman a “funar” las elecciones. A sabiendas de que la gente pragmáticamente vota premiando a los alcaldes que lo han hecho bien y castigando a los incapaces, los estudiantes prefieren auto-engañarse creyendo que los abstencionistas comparten ideologías radicales y propuestas revolucionarias.

 

Toda vez que después del 28 de octubre se iniciará inmediatamente la campaña para las presidenciales y legislativas de 2013, el movimiento estudiantil se beneficiaría si cambia la estrategia.  Si no entienden que en temporada electoral los votos remplazan a las marchas en las calles, los estudiantes seguirán perdiendo influencia y sus demandas por reformas que mejoren la calidad de la educación seguirán perdiendo prioridad en la ya saturada agenda política del periodo electoral.