La candidatura independiente de Bachelet

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 23, 2012

 

Michelle Bachelet demora su retorno a Chile para evitar hacerse cargo del enorme pasivo que representa la Concertación. Aunque los chilenos parecen inclinados a apoyar que Bachelet se repita el plato, el rechazo a que la vieja guardia concertacionista se vuelva a sentar a la mesa del banquete político representa hoy el mayor obstáculo para un segundo periodo presidencial de Bachelet. Para ser exitosa, Bachelet deberá disfrazarse de candidata independiente.  A su vez, sus rivales intentarán encasillarla en esa peligrosa trampa que significa ser la candidata de la Concertación.

 

Las encuestas confirman que la popularidad de Bachelet emana de su imagen alejada de la política. De ahí que a la par de la creciente crisis de legitimidad que sufren los partidos, Bachelet goza de una invulnerable positiva percepción popular. Pero ya que en campaña esa popularidad irremediablemente se contaminará con el desprestigio de su disfuncional coalición, Bachelet querría retrasar su regreso a Chile para el día después de la elección. Ella necesita evitar que su apoyo en las encuestas se vea negativamente afectado por la inevitable asociación que hará la gente entre su figura incólume y suprapartidista y las viscerales peleas internas en las que se encuentra enfrascada la coalición centro izquierdista.

 

La Concertación es un yunque que amenaza con hundir la canoa en que Bachelet intentará cruzar el río que la separa de un segundo periodo en La Moneda. Para ganar, Bachelet deberá demostrar que si ella es presidente, nadie—salvo ella—se repetirá el plato. Pero ya que su retorno es promovido por los poderes fácticos, una Bachelet victoriosa frente a las candidaturas alternativas de las fuerzas renovadoras de la Concertación enviará un mensaje contradictorio al electorado.  Si Bachelet es la candidata de las malas prácticas que denuncia Andrés Velasco y de la resistencia a primarias competitivas contra la que luchan Claudio Orrego, Ximena Rincón y José Antonio Gómez, entonces difícilmente Bachelet podrá enarbolar las banderas del cambio cuando su nominación sea también la victoria de la vieja guardia concertacionista. Por cierto, la Alianza se esforzará por convertirla en “la candidata de la Concertación”. Si queda encasillada en esa trampa, Bachelet será vulnerable. De hecho, en su entrevista de ayer, el ministro Harald Bayer ya la compara con la fallida candidatura presidencial de Vargas Llosa en 1990, evidenciando la estrategia oficialista de cargar a Bachelet el gigantesco pasivo concertacionista.  

 

Es más, en tanto la Concertación busque convertirla en un caballo de Troya, Bachelet deberá garantizar que su gobierno será realmente autónomo de los cinco partidos que componen la Concertación. Al ausentarse de las municipales, Bachelet subraya su intención de construir una candidatura independiente. Si bien esa estrategia abrirá flancos para que cuestionen su capacidad de ofrecer gobernabilidad, los costos de asociarse con la Concertación son demasiado altos.

 

Cuando regrese a Chile, Bachelet deberá reconciliar su estrategia de candidatura autónoma de la coalición y su posición como líder de la Concertación. La tarea no será fácil. Por eso mismo, resulta comprensible que la ex presidenta se refugie en el silencio y en la distancia para retrasar lo más posible el difícil desafío de ser a la vez verdugo y salvadora de la Concertación.