Una reforma con más costos que beneficios

Patricio Navia

La Tercera, septiembre 4, 2012

 

Las reformas tributarias son como las renovaciones de las casas. Son complejas, molestas, llenas de sorpresas y potencialmente peligrosas. Por eso, cuando se hacen, es mejor planificarlas bien, reduciendo la incertidumbre y tratando de construir acuerdos amplios que eviten los malos ratos y que permitan llegar a feliz término en un tiempo razonable. No hay nada peor que empezar una renovación de la casa y no terminarla. Nada más complicado que entrar a picar antes de concordar cuáles van a ser los arreglos y qué cambios se harán.   

 

Sea como sea que termine la reforma tributaria que anunció por cadena nacional el 26 de abril el Presidente Piñera, los costos superarán con creces a los beneficios que produzca las modificaciones a los impuestos. Primero, la clase política demostró su incapacidad para negociar acuerdos.  Si la política es el arte de lo posible, el debate sobre la reforma tributaria demostró que nuestra clase política está más interesada en apuntar con el dedo las incapacidades, errores o malas intenciones de los adversarios que en encontrar soluciones para las necesidades urgentes de la sociedad.  Segundo, los valiosos meses que consumió el debate desviaron la atención de otros proyectos que precisaban avanzar en el Congreso y que ahora se verán entorpecidos por la campaña municipal y por la ya desatada carrera presidencial. El debate tributario fue un cuello de botella para proyectos sobre los que había más consenso y, por lo tanto, tenían mejores chances de convertirse en ley.  Tercero, la reforma tributaria abrió una discusión que seguirá abierta en la próxima campaña presidencial.  Los candidatos presidenciales volverán a poner sobre la mesa la discusión sobre cómo reformar los tributos para poder financiar mejor una reforma educacional  que mejore la calidad y amplíe la cobertura.

 

Tanto el gobierno como la oposición se acusarán mutuamente por la incapacidad para alcanzar un acuerdo.  Habrá buenos y malos argumentos en ambos lados.  Pero esta reforma tributaria ha producido más frustración que frutos.  Después que gobierno y oposición anunciaran su compromiso con mejorar la calidad de la educación, la clase política fue incapaz de ponerse de acuerdo. Como resultado, el debate tributario seguirá abierto en la campaña presidencial cuando todos los candidatos tengan incentivos para prometer irresponsablemente que ellos sí serán capaces de hacer lo que la clase política en su conjunto fue incapaz de lograr en el invierno de 2012.