Disidencia concertacionista

Patricio Navia

La Tercera, agosto 27, 2012

 

Los resultados de la  encuesta CEP constituyeron un duro golpe para aquellos dentro de la Concertación que intentan levantar alternativas a Bachelet.  A menos que solo quiera apostar al improbable escenario en que Bachelet finalmente no sea candidata, la disidencia concertacionista deberá intentar asociar a Bachelet con todas las cosas malas que fueron la causa de la derrota concertacionista en enero de 2010. El riesgo de esa estrategia es que termine beneficiando más a la Alianza o a Enríquez-Ominami que a los que ahora enarbolan la bandera de la disidencia concertacionista.

 

Aunque sería impresentable que la Concertación volviera a no realizar primarias, muchos concertacionistas argumentarán que es ilógico realizar primarias si Bachelet mantiene la enorme ventaja que mostró la última encuesta CEP.  De hecho, las primarias que se iban a hacer en 2005 se cancelaron precisamente porque, debido a su débil desempeño en encuestas, Soledad Alvear se terminó quedando sola.  Los candidatos DC al parlamento cerraron filas con Bachelet precisamente porque aparecer en las fotos con Alvear era un pasivo demasiado alto. De igual forma, los que aspiren entrar al congreso en 2013, o los que quieren ocupar puestos de gobierno en una potencial nueva administración concertacionista, cerrarán tempranamente filas con quien aparezca como el nombre más fuerte. Aunque la Concertación formalmente establezca fecha para primarias, mientras más demore esa decisión y más tarde se programen dichas primarias, más improbable es que ocurran. 

 

Sólo si el apoyo a Bachelet disminuye sustancialmente en los próximos meses, la disidencia concertacionista podrá soñar con competirle a la ex presidenta en primarias. Para lograr hacer que el apoyo a la no candidata baje a niveles competitivos, los líderes del recambio concertacionista deberán asociar a Bachelet a los pasivos de esa coalición. El mensaje de la disidencia debe ser que Bachelet es la candidata de los nombres y rostros que generan aversión y rechazo en el electorado. Las malas prácticas, las sillas musicales y los platos repetidos se profundizarán y aumentarán si Bachelet es la candidata. Bachelet sola puede ser muy atractiva, pero cargando con el pesado dicom de su coalición, Bachelet será menos viable electoralmente. Pegarle a Bachelet a través de críticas a los viejos estandartes es el único camino posible para el recambio concertacionista liderado por Velasco, Orrego y Rincón.

 

No hay garantía de que la estrategia funcione. Es más, bien pudiera ser que termine dañando a toda la Concertación. Después de todo, la disidencia concertacionista igual necesita de los viejos tercios para ganar la elección. Es más, si Bachelet es ungida candidata, la disidencia deberá hacer campaña por ella codo a codo con los que ahora acusan de liderar las malas prácticas.

 

Una crítica realizada desde dentro que sea haga demasiado daño a la Concertación pudiera favorecer más al candidato de la Alianza o incluso a Marco Enríquez-Ominami, que aspira a representar al mismo domicilio ideológico que la coalición centroizquierdista.  No hay certeza que las siembras de la acusación de la disidencia concertacionista contra Bachelet como candidata del pasado y de todo las cosas malas que hay en la Concertación produzcan frutos. Peor aún, bien pudiera ser que la disidencia concertacionista se quede sin pan ni pedazo, y que sean otros los que gocen de los beneficios electorales que produzca esa cosecha.