Las dos concertaciones

Patricio Navia

La Tercera, julio 29, 2012

 

La decisión de presentarse en dos listas separadas refleja, pero también profundiza, la crisis que afecta a la Concertación. A menos que demuestre capacidad de reconstituirse en un arcoíris plural, con unidad en su diversidad, la Concertación obstaculizará su propio retorno al poder. Así como la división en dos listas en 2008 presagió la derrota de 2009, la existencia de dos concertaciones en 2012 alimenta dudas sobre la capacidad de esa coalición para representar exitosamente en 2013 a esa mayoría del país que desaprueba al gobierno de la Alianza.

 

En 2008, por primera vez desde el retorno de la democracia, la Concertación se presentó dividida a una elección. Alegando que quería aumentar la oferta de candidatos, el PPD y el PRSD formaron la Concertación Progresista, mientras que el PDC y PS se constituyeron en la Concertación Democrática. Del 45% de votos que lograron ambas coaliciones en concejales, tres de cada cinco fueron para el pacto PDC-PS.  En alcaldes, las dos concertaciones pactaron para tener un solo candidato en cada comuna del país.

 

Como muestra un estudio realizado por Carolina Garrido -próximo a aparecer en el libro Democracia Municipal del Observatorio Político Electoral UDP- de haberse presentado en una sola lista en 2008, la Concertación habría ganado un concejal adicional en 80 comunas.  Pero la incapacidad de concordar una lista única de candidatos mermó la representación concertacionista en una de cada cuatro comunas. La falla en establecer mecanismos legítimos para escoger candidatos alcanzó su punto más complejo en 2009, cuando las primarias presidenciales truchas llevaron al peor resultado electoral histórico de esa coalición.

 

La coalición centroizquierdista repetirá el error en las municipales de 2012. Al presentarse en dos listas, los efectos mecánicos del sistema electoral proporcional perjudican el número total de concejales que ganarán los partidos concertacionistas. Además, en algunas comunas probablemente no se respete el principio de omisión, habiendo más de un candidato concertacionista a alcalde, lo que minimizará la posibilidad de victoria. Peor aún, al demostrar incapacidad para mantener la unidad cuando el sistema electoral es más permisivo, la Concertación envía preocupantes señales sobre su futuro en caso de que se remplace el binominal con un sistema más proporcional.

 

Si no es capaz de concordar una lista única de candidatos, la Concertación difícilmente podrá convencer al electorado en 2013 que tiene una visión clara, un propósito único y una disciplina férrea.  No es lo mismo ser la coalición del arcoíris que ser un conglomerado multipartidista que promete gobernabilidad, pero es incapaz de acordar algo tan básico como una lista común de candidatos.

 

Las elecciones municipales no predicen los resultados de las presidenciales, pero sí constituyen un punto de partida para esa carrera e indican las fortalezas y debilidades de las coaliciones. A sabiendas de que en la elección de 2013 la gobernabilidad será un mensaje clave de campaña, la Concertación ha optado por repetir el error de 2008 y evidenciar sus fracturas internas presentándose en dos listas separadas.