¿Politizando las primarias?

Patricio Navia

La Tercera, julio 22, 2012

 

El debate sobre las primarias muestra lo dañino que es legislar sobre diseño institucional cuando los actores políticos están pensando en cómo sacar ventaja para las próximas elecciones. Además de forzar legislación apresurada, la cercanía de las elecciones lleva a olvidar que los efectos del diseño institucional seguirán sintiéndose mucho después que termine la temporada electoral de 2013.

 

Una legislación bien hecha que regule las primarias para todos los cargos de elección popular incentivará la participación, empoderará a la gente, introducirá incentivos adecuados para que los partidos cumplan mejor su rol institucional y, a la vez, fortalecerá la democracia. Ya que los candidatos deben inscribirse 90 días antes de la elección del 17 de noviembre, y como el Tribunal Electoral puede precisar recontar votos o solucionar diferendos, las primarias no pueden realizarse después de julio. Pero ya que la participación electoral disminuye en invierno, resultaría conveniente realizarlas antes de junio. 

 

El gobierno ha propuesto el mes de julio, porque quiere evitar el síndrome del pato cojo presidencial. Pero ese síndrome es función de la aprobación presidencial y la disciplina en la coalición oficialista. Como las peleas en la Alianza están a la orden del día, los estrategas de gobierno ven en el calendario de primarias una solución al problema. Los simpatizantes del ministro Golborne quieren retrasar las primarias -para optimizar sus posibilidades-, mientras que los que apoyan a los ministros militantes de partidos prefieren adelantarlas, de tal forma de forzar un tempranero cambio de gabinete que dé ventaja en la campaña a los que cuentan con aparato partidista. En la Concertación, la falta de consenso sobre la fecha se explica por las posturas sobre quién debiese ser el candidato. Los que promueven el retorno de Bachelet quieren primarias pronto, para evitar que los aspirantes tengan más tiempo para hacer campaña. 

 

La presencia de independientes ha llevado a diseñar opciones para salir del impasse actual sin pensar en los efectos de largo plazo del diseño institucional. En vez de regular los requisitos que necesitará cualquier candidato para competir -militante o independiente-, los partidos negocian para permitir a los independientes Andrés Velasco y Laurence Golborne competir en 2013.

 

La institucionalización de primarias permitiría introducir incentivos que mejoren la rendición de cuentas de los partidos. Si el financiamiento de campaña se asocia a las primarias, los partidos tendrán incentivos para entregar a la gente el poder de escoger a los candidatos. Aquellos partidos que prefieran reservarse ese derecho no recibirán fondos públicos. Las primarias también se podrían usar para escoger a las directivas de los partidos. Si se condiciona el financiamiento estatal a que las directivas se renueven  democráticamente ese día, las primarias servirían para que los simpatizantes -y no sólo los militantes- escojan a los líderes de los partidos. 

 

La prisa por legislar primarias que solucionen problemas inmediatos hace que las coaliciones olviden que esta legislación seguirá vigente mucho después de 2013, e influirá en el comportamiento futuro de partidos y aspirantes. Si bien no hay nada más político que una elección, la forma en que se está discutiendo la ley de primarias muestra que cuando los temas se politizan por consideraciones de corto plazo, el diseño institucional resulta débil y contraproducente al objetivo de fortalecer la democracia.