Concertación u oposición

Patricio Navia

La Tercera, julio 9, 2012

 

Aunque los errores propios la tienen en una posición defensiva, hay buenas razones para que la Alianza esté optimista sobre los resultados de la próxima elección municipal. Mientras la oposición siga dividida, disminuye la posibilidad de que el rechazo mayoritario al gobierno se convierta en derrota para la Alianza. En tanto la Concertación sea incapaz de convocar a la unidad de toda la oposición, el gobierno saldrá victorioso de la prueba más importante que enfrentará en sus tres primeros años, la evaluación que hará la ciudadanía en las urnas el 28 de octubre.

 

Un motivo de satisfacción del gobierno de Sebastián Piñera es que los conceptos Concertación y oposición no son sinónimos. Después de su derrota en 2009, la Concertación se ha mantenido dividida entre los que quieren enmendar rumbo y corregir errores pasados y los que creen que podrán volver al poder en 2013 gracias a la popularidad de Michelle Bachelet.

 

Mientras los primeros han convertido las primarias abiertas y vinculantes en símbolo tanto de la expiación de errores pasados como de su compromiso con mejores prácticas en el futuro, los segundos ven en las primarias una innecesaria complicación para el retorno de Bachelet. A sabiendas de que el viciado proceso de 2009 pavimentó el camino disidente de Marco Enríquez-Ominami, los bacheletistas saben que necesitan mejores primarias. Pero para la elite concertacionista, el único objetivo de las primarias es ratificar su candidatura favorita -Eduardo Frei en 2009 y Michelle Bachelet en 2013.

 

 

Mientras los jerarcas concertacionistas no acepten que la elección de los candidatos (presidenciales y también parlamentarios) recae en la gente, después de una campaña donde se expongan y debatan propuestas, cualquier primaria que organice la Concertación seguirá siendo trucha.

 

Adicionalmente, el desafío de la Concertación es sumar adherentes, en el centro y en la izquierda. Con sus votos, la Concertación no es mayoría. Por más que nos haya dado las mejores dos décadas de nuestra historia, la Concertación hoy no puede llegar sola al poder. Aunque Bachelet pudiera ganar una elección presidencial, la Concertación no obtendrá mayoría de los votos en otras contiendas.

 

En las municipales de 2012, la Concertación pudiera tener menos votos -y menos alcaldías, incluidas aquellas emblemáticas- que la Alianza. Después de haber descartado realizar primarias abiertas y vinculantes que incluyeran a toda la oposición, la Concertación ahora quiere culpar a los descolgados y díscolos por su propia incapacidad de convocar un frente amplio de oposición. Si sus candidatos a alcalde sacan más votos que los de la Concertación, la Alianza habrá demostrado más capacidad para ser incluyente y construir coaliciones amplias que la coalición que se jactaba de representar la diversidad de Chile.

 

Si bien todos rechazan la opción de la Alianza, los distintos grupos de oposición -incluso al interior de la Concertación- discrepan sobre qué opción de remplazo es mejor.

 

A cuatro meses de la próxima elección, y semanas antes de que cierre la inscripción de candidatos, parece imposible que la oposición se presente unida. Eso potencia las opciones de una victoria de la oficialista Alianza. Aunque pierda votos, aumentará su número de alcaldes y de concejales. La oposición, en cambio, seguirá dividida, atrapada en un juego de acusaciones y recriminaciones mutuas, evidenciando que, a diferencia de antaño, la Concertación parece incapaz de representar el arcoíris de la diversidad.