Peleándose a Bachelet

Patricio Navia

La Tercera, junio 24, 2012

 

Las tensiones al interior de la Concertación y la difusión del documento “De cara al futuro”, elaborado por el sector autocomplaciente, reflejan el soterrado conflicto por convertirse en protagonistas del indefectible retorno de la ex Presidenta Michelle Bachelet para convertirse en candidata presidencial de esa coalición. 

 

Después que fracasara el intento del Senador Camilo Escalona por convertirse en el articulador de los acuerdos con el gobierno, se acrecentó la disputa de poder en la Concertación. Pero no son diferencias sobre la hoja de ruta o dirección ideológica. Los conflictos entre el eje DC-PS y la alternativa PPD-PRSD-PC son más de forma que de fondo. Antes de ganar la elección, resulta ridículo discutir si el PC tendrá puestos en el gabinete del próximo gobierno. Por otro lado, discrepancias sobre repetir el pacto electoral de 2009 entre la Concertación y el PC tampoco justifican un quiebre. La percepción dominante es que la Concertación debe buscar fortalecer el centro sin descuidar la izquierda. Pero no está claro qué jerarcas partidistas encabezarán el esfuerzo.

 

La diseminación de “De cara al futuro” intentó contrarrestar la exitosa arremetida del senador Guido Girardi, sindicado como el principal responsable de torpedear la movida de Escalona. Pero ambos senadores comparten su preferencia por Bachelet como abanderada presidencial. Aunque sus firmantes corresponden al núcleo autocomplaciente, el documento omite las palabras “primarias” y evita criticar las malas prácticas de los partidos concertacionistas (aduciendo, en cambio, problemas con todos los partidos). 

 

Cuando se cierre el plazo para la inscripción de candidatos en julio, aumentará la presión sobre Bachelet para que adelante su retorno. Si bien la baja popularidad del gobierno debiera llevar a una victoria de la oposición, el que la cédula electoral tenga los nombres de los candidatos -y no del Presidente- mejora las opciones de la Alianza. La buena situación económica, la creciente moderación de los chilenos y los desórdenes concertacionistas dan al oficialismo razones para estar esperanzados. Como hay varias comunas emblemáticas y figuras simbólicas de la Concertación en juego en la elección, aumentará la presión para sacar a terreno al rostro más poderoso de la centroizquierda.

 

En septiembre de 2004, Bachelet dejó el gabinete para participar en la campaña. La victoria concertacionista la catapultó como candidata presidencial y debilitó a Joaquín Lavín, hasta entonces el candidato favorito. Parece lógico que Bachelet quiera repetir la experiencia de 2004.  Parece todavía más razonable que no quiera repetir la traumática experiencia de Lavín, que no supo jugar bien sus cartas en la campaña municipal un año antes de la contienda presidencial. Si la presión de los candidatos oficialistas por hacer campaña con los ministros presidenciables induce a Piñera a realizar un cambio de gabinete, Bachelet quedará en incómoda e inconveniente posición.

 

La actual disputa concertacionista subraya la percepción de que el retorno de la ansiada líder se acerca y que hay que posicionarse para liderar la caravana de recepción. En lugar de adoptar un mecanismo de primarias que permita a la gente decidir los nombres de los candidatos presidenciales, a diputados y senadores, los líderes concertacionistas luchan por apropiarse del capital político de Bachelet. En vez de pelearse por conseguir el apoyo de la gente, los líderes de la Concertación riñen para ver quién queda más cerca de Michelle Bachelet.