La victoria de los autoflagelantes

Patricio Navia

La Tercera, mayo 27, 2012

 

Después de haber sido sistemáticamente derrotados por las posturas autocomplacientes durante los gobiernos concertacionistas, los autoflagelantes se aprestan a saborear su primera gran victoria. El retorno de Michelle Bachelet sin reglas claras para una primaria en cancha pareja constituirá la primera gran derrota del alma autocomplaciente.

 

En los gobiernos concertacionistas, la división entre autocomplacientes que promovían una economía social de mercado y autoflagelantes que aspiraban a un rol más presente del Estado productivo y políticas más agresivas para reducir la desigualdad terminó con la dominación autocomplaciente en el ejecutivo y la preponderancia autoflagelante en las bancadas parlamentarias y en los aparatos partidistas. Con la victoria presidencial de la Alianza, los autocomplacientes perdieron espacios de influencia.

 

Los presidenciables declarados provienen primordialmente de las huestes autocomplacientes. Andrés Velasco y los DC Claudio Orrego y Ximena Rincón apoyan la política social de mercado. Entre los autoflagelantes, las aspiraciones presidenciales personales se han disciplinado detrás de la candidatura de Bachelet. Como aspiran a mantener sus escaños en el Congreso, la posibilidad de que la demanda por primarias abiertas y competitivas se extienda a las candidaturas al parlamento lleva a los autoflagelantes a preferir que los liderazgos partidistas decidan los nombres de los candidatos.

 

Cuando gobernó, Bachelet incorporó ambas almas a su administración. Aunque nombró autoflagelantes en puestos clave, los autocomplacientes dominaron bajo el liderazgo de Andrés Velasco, el titular de Hacienda que más poder tuvo en las décadas concertacionistas. Por su propia historia personal y por sus esporádicas declaraciones fuera de libreto que dejaron ver sus inclinaciones más izquierdistas, Bachelet puede ser definida como una presidenta autoflagelante que gobernó con políticas autocomplacientes.

 

Con los autocomplacientes empeñados en promover primarias, la proclamación de Bachelet a partir de su popularidad en las encuestas se ha convertido en bandera de lucha autoflagelante. En tanto los autocomplacientes se sumen a candidaturas concertacionistas alternativas, los autoflagelantes buscarán asociar una victoria de Bachelet a un rechazo del electorado a las posturas moderadas de las administraciones concertacionistas.

 

Afortunadamente para los autocomplacientes, la opinión pública chilena parece satisfecha con la economía social de mercado. El malestar actual está asociado al rechazo a la clase política más que a un descontento con la hoja de ruta. En vez de un golpe de timón para cambiar de dirección, los chilenos parecen pedir un cambio de tripulación.

 

De ahí que la potencial asociación con los rostros y posturas autoflagelantes le traiga más costos que beneficios a Bachelet. Para ganar, Bachelet debe simbolizar la postura autocomplaciente más que la visión autoflagelante. Rodearse de figuras del pasado será una pesada mochila. Además de explicar por qué ella quiere repetirse el plato, Bachelet también tendrá que explicar por qué la vieja guardia concertacionista aspira a repetirse todo el banquete.

 

Así y todo, la imposición de una candidatura de Bachelet sin primarias de por medio será la primera gran victoria sobre los autocomplacientes que el alma autoflagelante pueda saborear desde que se evidenció esa fractura al interior de la Concertación.