Prospectivos o retrospectivos

Patricio Navia

La Tercera, mayo 21, 2012

 

Al votar, los chilenos han demostrado estar más preocupados del futuro que del pasado. Precisamente porque, en cada contienda electoral desde el retorno de la democracia, ha triunfado el candidato con el mensaje de futuro más convocante, resulta erróneo concentrar esfuerzos en promover mensajes de pasado. Las campañas con foco retrospectivo-que, además, privilegian discursos de miedo y terror- pierden ante propuestas prospectivas optimistas que convocan a soñar con un mejor futuro.

 

En el plebiscito de 1988, la dictadura -asesorada por algunas voces que siguen activas en la derecha-intentó asociar a la oposición democrática con el caos y el desorden. Pero con su lema de “la alegría ya viene”, la Concertación salió victoriosa con un mensaje optimista y de futuro. La Alianza recién pudo ser competitiva en 1999, con su mensaje de “viva el cambio” que tuvo eco en un país en crisis económica y con una opinión pública descontenta con el gobierno.  Aun así, Lagos ganó porque fue capaz de articular un mensaje de optimismo, inclusión y oportunidades que neutralizó el entusiasta, pero más etéreo mensaje de cambio de Lavín.  Las campañas de 2005 y 2009 nuevamente llevaron a la derrota a los que enarbolaban banderas retrospectivas. En 2005, Lavín parecía estar todavía atrapado en su ajustada derrota de 1999. En 2009, Frei infructuosamente quiso colgarse de la popularidad de Michelle Bachelet.

 

Nuestra historia electoral nos enseña que campañas con foco prospectivo son más exitosas. Debido a que el país ha avanzado por el sendero del desarrollo, la gente aspira a tener más acceso a los frutos del crecimiento. Las campañas con foco retrospectivo nos recuerdan desde donde venimos, ese lugar incuestionablemente inferior al actual al que no deseamos volver.

 

Resulta entonces insólito que las dos grandes coaliciones estén enfrascadas en imponer visiones retrospectivas. Más allá de las responsabilidades penales que le pudieran caber a las autoridades de entonces por sus acciones u omisiones después del terremoto -cuestión que le corresponde dirimir al Poder Judicial y no al Poder Legislativo- muchos en la Alianza quieren centrar el foco en el desempeño del gobierno de Bachelet.  Esa estrategia refleja una equivocada lectura sobre las prioridades electorales de los chilenos. Además de victimizarla, atacar a Bachelet equivocadamente busca debilitar sus chances futuras a partir de su desempeño pasado. Para ganar en 2013, la Alianza necesita construir una propuesta de futuro que presente a Michelle Bachelet como la candidata del pasado.

 

También equivocadamente, la Concertación parece confiar en exceso en que la baja aprobación del gobierno actual le abrirá las puertas de La Moneda a la centroizquierda.  Ya que el Presidente Piñera no será candidato y anticipando que el candidato de la Alianza forjará su propia propuesta alejada del gobierno actual, los ataques a Piñera no producirán resultados electorales favorables para la Concertación.

 

Tal vez no haya mejor forma de evidenciar la distancia entre la clase política y el chileno medio que el énfasis que están poniendo los políticos en cuestiones del pasado. El país espera premiar con su voto mayoritario a candidatos que ofrezcan plataformas prospectivas, pero muchos políticos parecen solo interesados en cuestiones retrospectivas. Mientras los chilenos esperan discursos convocantes de futuro, la clase política parece más preocupada de ajustes de cuenta de hechos del pasado.