Una reforma tributaria como su gobierno

Patricio Navia

La Tercera Blog, abril 27, 2012

 

La reforma tributaria anunciada por el Presidente Piñera se parece mucho a lo que ha sido su gobierno. Aunque en general apunta en la dirección correcta y corrige algunas falencias, las expectativas creadas por el propio Piñera sobre los alcances que tendría la reforma llevan a muchos a sentirse decepcionados.  Después de prometer la reforma tributaria más importante desde aquella impulsada por Patricio Aylwin en 1990, cuando recién se iniciaba el periodo democrático actual, la reforma anunciada por el Presidente Piñera está lejos de tan profunda y amplia como lo que innecesariamente anticipó el propio Piñera.

 

En un gobierno donde las filtraciones a la prensa y los desentendidos comunicacionales se han convertido en rutina, la discusión sobre la reforma tributaria se comenzó a dar desde que La Moneda anunciara que realizaría un aumento temporal de los tributos para enfrentar los desafíos de la reconstrucción post terremoto.  Las especulaciones sobre la posibilidad de mantener de forma permanente el 20% de impuestos a las utilidades retiradas de las empresas se dieron desde el día uno.  Comprensiblemente, el hecho que ahora Piñera lo haya confirmado no sorprende a nadie y, aunque importante, difícilmente logrará que el anuncio realizado por el Presidente sea considerado un cambio copernicano en la estructura impositiva del país. Para que los anuncios sorprendan positivamente, los gobiernos necesitan sorprender al mercado.  Todo el mundo ya tenía incorporado en sus ecuaciones que la tasa de impuestos de las empresas quedaría en un 20%.

 

El resto de los anuncios realizados por el gobierno tampoco constituyen novedad, ni son en si mismos catalogables como cambios “profundos” o “importantes”. La decisión de introducir un elemento de variabilidad en el impuesto a los combustibles resulta popular, pero puede terminar añadiendo un grado de innecesaria irresponsabilidad fiscal. La presión populista por introducir impuestos que beneficien más a la clase media y a los sectores de más ingresos—cuestión que el gobierno admirablemente ha resistido en el debate educacional—terminó por imponerse en el debate sobre los combustibles.  En términos comparados, la tasa a los impuestos que existe en Chile no es especialmente alta. Si la vamos a corregir a la baja debiéramos hacerlo con impuestos adicionales que vayan a los sectores que se verán más beneficiados por esa rebaja.  Pero esta reforma no hace eso.  Al contrario, los sectores de clase media y clase alta tendrán beneficios tributarios adicionales, al poder ahora descontar gastos de educación (con un tope, y presumiblemente con una gradualidad que permita mayores descuentos a los grupos de ingresos medios que a los sectores de ingresos altos).

 

La discusión sobre las externalidades positivas y negativas de estas rebajas tributarias recién comienza y sólo podremos tener una mejor idea de sus verdaderos efectos cuando se promulgue la ley final. Hasta entonces, no podremos saber si los aumentos en recaudación producto del aumento en los impuestos a las utilidades de las empresas efectivamente superarán en unos 700 a mil millones de dólares la pérdida de ingresos producto de los beneficios tributarios que considera la reforma.

 

Lo que sí sabemos desde ya es que la reforma tributaria no será el cambio más importante realizado en Chile desde la reforma de Patricio Aylwin en 1990. La reducción de los aranceles y los cambios a los impuestos a los combustibles, las reformas impositivas destinadas a incentivar el ahorro, la propia reforma a la salud Auge impulsada por el Presidente Lagos, el impuesto específico a la minería del Presidente Lagos, la reforma a las pensiones de la presidenta Bachelet—con sus impactos impositivos—y la propia reforma de Piñera para enfrentar la reconstrucción bien pudieran terminar teniendo un mayor impacto en las recaudaciones fiscales que la reforma anunciada anoche por el Presidente Piñera.

 

Igual como ha ocurrido repetidamente con las iniciativas impulsadas por su gobierno, esta reforma que apunta en la dirección correcta y que bien pudiera constituir un cambio positivo en el país es mucho menos transformacional que lo que anticipó Piñera con tanto entusiasmo, convicción y energía.  En fin, igual que su gobierno, esta reforma tributaria decepciona precisamente porque las expectativas alimentadas por el propio Presidente Piñera superan con creces la realidad.