Un tercer tiempo es posible

Patricio Navia

La Tercera,  abril 9, 2012

 

Sebastián Piñera llegó a La Moneda porque supo distanciarse de los partidos de la Alianza y puso temas sobre la mesa que interesaban a la gente. Si hubiera seguido la línea que preferían los líderes de los partidos de la Alianza, no hubiera alcanzado una mayoría. Al renunciar a su promesa de eficiencia para buscar infructuosamente formar un gabinete con mejores habilidades políticas, el Presidente no ha podido recuperar los niveles de aprobación que tuvo en los primeros seis meses.

 

Piñera ganó porque prometió cambio en un contexto de continuidad. Se comprometió a mantener la hoja de ruta de una economía social de mercado de la Concertación, pero con un recambio en la tripulación. Prometió que el país seguiría por el mismo sendero, pero más rápido y sin los obstáculos causados por tensiones entre partidos.

 

 Aunque primero lo resistieron, los partidos de la Alianza aceptaron esa estrategia, que también había sido exitosa para Bachelet en 2005. Es verdad que ella, después del movimiento estudiantil de 2006, debió capitular ante los partidos. Pero se benefició del aprecio personal que generaba y logró recuperar su aprobación presidencial. El éxito de Piñera se debió al mensaje de eficiencia. Cuando su gobierno observó una caída sistemática después del rescate de los mineros, Piñera repitió el modelo de Bachelet, trayendo al gabinete a ministros con experiencia política.  

 

Los gobiernos necesitan buena conducción política. Pero de poco sirve sumar habilidad política si entran a ministerios equivocados. La combinación exitosa pasa por tener personas hábiles en los ministerios políticos, para que los técnicamente competentes puedan ser exitosos en las carteras sectoriales.

 

Los partidos son necesarios para impulsar reformas en el Congreso. Pero en nuestro sistema presidencial, los legisladores oficialistas necesitan del gobierno para demostrar que están haciendo bien la pega. En un año electoral, los candidatos del oficialismo precisan demostrar habilidad para atraer recursos del Estado. Los legisladores en ejercicio no se quieren pelear con alcaldes que van a necesitar para sus campañas en 2013. El gobierno puede aprovechar esa coyuntura para disciplinar a los partidos en el Congreso. Mientras siga esclavo de los partidos y combine equivocadamente habilidades políticas y capacidades técnicas, difícilmente logrará salir del complejo momento de desaprobación en el que ya se encuentra por casi un año. Si, en cambio, retoma su mensaje inicial de eficiencia, concentrando habilidades políticas en los ministerios donde se necesitan, el gobierno podrá recuperar el sendero del éxito que llevó a Piñera a ser el primer presidente de derecha en nuestra democracia actual.