Juventud Comunista: Falta de convicción democrática

Patricio Navia

La Tercera, marzo 16, 2012

 

La ocupación de la sede UDI realizada por líderes de la Juventud Comunista evidencia una preocupante falta de convicción y compromiso democrático por parte de los líderes de ese partido.

 

Aunque en Chile fueron clave para recuperar la democracia, las tomas no tienen cabida en un estado de derecho. Violentar los derechos de otros es inaceptable cuando hay otros mecanismos institucionales para ejercer presión y dirimir conflictos. La voz del pueblo se escucha en elecciones. Por más multitudinarias que sean, las marchas no remplazan el voto. Aunque muchos griten hoy algo distinto, la última vez que el pueblo se expresó puso a un líder de centro derecha en el poder.

 

Una toma se transforma de un incómodo y perturbador hecho a una señal de ausencia de valores democráticos cuando los violentistas son militantes de partidos políticos que compiten en la arena electoral con los partidos cuyas sedes deciden violentar.

 

Hace unos meses, se produjo un rechazo generalizado a la débil respuesta del Presidente del Senado Guido Girardi a una ocupación realizada por activistas a favor de la educación gratuita a la sede del Congreso Nacional en Santiago. La toma de la sede UDI tiene una connotación peor. Si bien la sede violentada es menos simbólica que el Congreso Nacional, los que perpetraron el ataque no son irrespetuosos y desubicados activistas sino líderes de un partido político.

 

Cualquier chileno tiene el legítimo derecho a discrepar de la UDI. Si bien es el partido más votado, la UDI dista de ser mayoritaria. Muchas de sus posturas son rechazadas por la mayoría. No por nada, es el único partido importante que no ha logrado que uno de sus militantes llegue a La Moneda.  La UDI también tiene una cuestionable historia de apoyo a la dictadura militar y de silencio ante las violaciones a los derechos humanos. Pero a la hora de evaluar faltas en el respeto a la democracia y la defensa de los derechos humanos, el PC no es el más indicado para tirar la primera piedra.

 

No basta que los líderes del PC declaren que no comparten la forma en que la JJCC demostró su descontento. Un partido no puede permitir que sus jóvenes líderes—por más idealistas y bien intencionados que sean—irrespeten los principios de la democracia.

 

Nuestra democracia dista de ser perfecta. La poca legitimidad de la clase política y de los propios partidos, junto a evidentes falencias de diseño institucional, reflejan y profundizan sus insuficiencias. Pero los partidos debieran ser parte de la solución, no sumarse al problema. La toma de la sede UDI realizada por la JJCC es un momento vergonzoso de nuestra historia democrática reciente. Es de esperar que la reacción del PC y de los otros partidos políticos resulte más digna y más apropiada para los valores democráticos de nuestro país.