Nada que perder

Patricio Navia

La Tercera, marzo 15, 2012

 

En otros ámbitos del quehacer gubernamental, las expectativas sobre lo que podía lograr el gobierno de Sebastián Piñera eran altas. En cambio, en cuestiones de relaciones internacionales, nadie esperaba que un gobierno de derecha fuera particularmente exitoso en un contexto regional donde dominan las posturas de izquierda.

 

La siempre compleja relación entre Chile y Argentina ha tenido altos y bajos en años recientes. Después de un auspicioso inicio, la administración de Michelle Bachelet tropezó en sus relaciones con el país transandino. El incómodo encuentro entre Bachelet y el entonces Presidente Néstor Kirchner en una cumbre en Mendoza evidenció el distanciamiento entre la Casa Rosada y La Moneda. Si bien el balance de la relación con Argentina bajo Lagos fue menos traumático que durante el cuatrienio de Bachelet, las relaciones bilaterales con nuestro vecino más importante se enfriaron respecto de los abrazos y acuerdos de la fructífera relación entre los presidentes Frei y Menem.

 

Cuando el Presidente Piñera llegó al poder, había discretas expectativas sobre la relación con Argentina. Las inoportunas declaraciones del embajador Miguel Otero, que motivaron su pronta renuncia, enrarecieron aún más el ambiente. Tanto el gobierno argentino como el chileno cedieron a la tentación de usar cuestiones bilaterales para beneficio doméstico. El affaire Apablaza evidenció la distancia ideológica entre los gobiernos de Kirchner y Piñera. Por diversos motivos, la esperada visita de la presidenta argentina a Chile se ha retrasado repetidas veces. No pocos sospechan que la presidenta viene a Chile más preocupada de las Malvinas que de la relación bilateral. De ahí que la llegada a Santiago hoy de la Presidenta Cristina Fernández genere más revuelo que expectativas de avances concretos en temas pendientes e iniciativas de beneficio mutuo.

 

Pero como se espera que la visita sólo sea un saludo protocolar, cualquier avance en iniciativas de integración constituirá una positiva sorpresa y le permitirá al gobierno sumar capital político a partir de éxitos en política exterior, un asunto donde nadie esperaba que esta administración fuera a brillar con luces propias.