Tambores de guerra en la Concertación

Patricio Navia

La Tercera, marzo 3, 2012

 

Ante el temor de propagación de candidaturas presidenciales y debido a su alta impopularidad, los líderes dela estructura partidista de la Concertación necesitaban una bandera de unidad que permitiera reafirmar su autoridad y poner orden en las filas. Las críticas oficialistas son inmejorable ocasión para que se restituya la poderosa trenza entre el círculo íntimo de Bachelet y los poderes fácticos concertacionistas.

 

Al retrotraer el debate nacional a la reacción post terremoto de la administración anterior, el gobierno actual facilitó la rearticulación de los que ejercieron el poder durante la era Bachelet. La decisión de La Moneda de destacar las responsabilidades políticas que le caben a Bachelet, y a su círculo de poder, también adelantó la carrera presidencial y obstruirá acuerdos entre un gobierno débil y una impopular Concertación que ve amenazada su principal carta electoral.

 

Como en una tragedia griega, resultó imposible que el gobierno y la Concertación tomaran caminos distintos. El gobierno disparó los primeros fuegos. Los gobiernos con baja aprobación tienen poco margen de acción. Cuando la gente percibe debilidad en La Moneda, sale a la calle a reclamar por sus demandas.  El poco capital político del que dispone el gobierno dificulta la respuesta ante la presión social. En el mundo financiero, cuando se percibe debilidad, se genera una corrida contra la moneda. En el ámbito político, la percepción de debilidad también genera corridas contra La Moneda.  Proliferan los candidatos presidenciales y el centro de atención se mueve hacia lo que hacen los aspirantes a suceder al mandatario actual.

 

El adelanto de la carrera presidencial también afecta a la oposición. Ante la proliferación de candidaturas al interior de la Concertación, los poderes fácticos que esperaban volver al poder de la mano de la popular ex Presidenta Bachelet ven amenazado su plan. Si alguna de las candidaturas toma fuerza, o si resulta imposible evitar las primarias, disminuye la posibilidad de que Bachelet vuelva a ser candidata. Si Bachelet no vuelve, aquellos que de ella dependían para volver a ejercer poder, también quedarán fuera.  De ahí que las críticas emitidas desde el gobierno al accionar de su predecesora se hayan convertido en una inmejorable oportunidad para que el círculo que gobernó con Bachelet—y que está más interesado en facilitar su retorno—se organice para defender el legado de Bachelet y también pavimentar el camino para el retorno dela ex presidenta.

 

Los cuidados excesivos del sacristán siempre pueden terminar por matar al cura. La decisión de Bachelet de guardar silencio—contrastando los atributos de su personalidad con la intensa presencia del Presidente Piñera en los medios—obliga a que la defensa de Bachelet la dirijan personas que no gozan de su misma popularidad. Es más, cuando los poderes fácticos que gobernaron con la ex Presidenta aparecen como las vocerías de los intereses de Bachelet, la opinión pública recordará que el retorno de Bachelet implica también costos políticos. Si Bachelet es la popular madre cuyo regreso es bienvenido por los hijos, los líderes partidistas que la acompañaron en su cuatrienio vienen a ser los impopulares e indeseados tíos. Si los tíos se aparecen en casa antes que la mamá, los hijos bien pudieran repensar sus deseos a favor del regreso materno. Pero precisamente porque saben que quedarán fuera si se produce una renovación generacional en la Concertación, los poderes fácticos quieren apropiarse de la candidatura de Bachelet, aunque eso implique costos para la ex Presidenta y obstaculice su regreso.

 

El gobierno apretó el gatillo que dio inicio a esta carrera. El momento no fue el ideal, pero las ventanas de oportunidad se cierran rápido y el gobierno necesita salir del complejo foso en el que se encuentra. Con el inicio de la campaña de críticas a Bachelet, el gobierno facilitó la rearticulación de los grupos de poder que acompañaron al gobierno de la ex presidenta.  Nerviosos por la aparición de nuevos aspirantes, los líderes que controlan los aparatos partidistas en la Concertación prefieren asegurar el retorno de la ex mandataria para así mantener ellos también sus cuotas de poder. Al responder a las críticas del gobierno, asumen la condición de escuderos de la ex presidenta y aseguran puestos en lo que esperan sea el segundo gobierno de Bachelet.