Necesarias vacaciones

Patricio Navia

La Tercera, febrero 11, 2012

 

En política, a veces menos también es más. Precisamente, porque su estilo ha opacado algunos logros de su gobierno, parece razonable que el Presidente Piñera opte por construir su legado más a partir de lo que ha hecho su gobierno que de los atributos de su personalidad.

 

En cualquier trabajo, las vacaciones sirven para recargar pilas y para alejarse de las preocupaciones cotidianas. El cambio de aire despeja la mente y permite ver las cosas desde una perspectiva diferente, contribuyendo a encontrar soluciones que la cercanía a veces no permite ver. Las vacaciones también sirven a aquellos que no las toman. Nuestros pares notan nuestra ausencia, valoran nuestras contribuciones y, por cierto, también disfrutan no tenernos cerca. Cuando volvemos al trabajo, todos estamos un poco más descansados. Lo que es normal en un trabajo, también es importante en la política. Especialmente para aquellos líderes que están en permanente exposición pública, las vacaciones constituyen una inmejorable oportunidad para darle un recreo a la opinión pública.

 

En sus dos primeras vacaciones después de resultar electo, el Presidente Piñera quiso aprovechar su descanso para fortalecer su imagen de líder activo y energético. Realizó actividades que fueron ampliamente cubiertas por la prensa. Aunque Piñera pudo haber descansado en las vacaciones, los chilenos no pudieron descansar de la figura presidencial, siendo bombardeados con imágenes de las actividades del Mandatario (incluidas algunas ingratas, como el aterrizaje forzado cuando su helicóptero se quedó sin gasolina). Como alguien tuviera dudas respecto del híper-activismo presidencial, La Moneda buscó enfatizar ese atributo hasta la saturación.

 

Afortunadamente -aunque probablemente no accidentalmente-, las actuales vacaciones del Presidente Piñera han sido menos mediáticas, como lo certifica un estudio de la empresa Conecta (ver infografía). Eso le da un saludable respiro, tanto al Ejecutivo como a la opinión pública. Para un presidente que gobierna en período de crecimiento económico y creación de empleo, pero que ha visto caer su aprobación presidencial a un mínimo histórico, dar un respiro a la gente de la activa agenda presidencial parece ser una idea obvia (que por cierto, debió haberse materializado antes).

 

La ausencia del Presidente permite cambiar el foco, desde la polarizadora personalidad de Piñera hacia los avances y logros concretos que han ocurrido en sus dos primeros años. Es verdad que el primer gobierno de derecha en 20 años partió prometiendo demasiado y elevando demasiado las expectativas. De ahí que las evaluaciones sobre sus logros sean hasta ahora poco optimistas. Pero cuando se le analiza más objetivamente -separando la percepción que tiene la gente sobre la especial personalidad del Mandatario-, las evaluaciones debieran mejorar. Al tomarse vacaciones -y desaparecer por un tiempo- como el resto de los chilenos, el Presidente Piñera está actuando de una forma más presidencial que en años anteriores y dando evidencia de un comportamiento propio de un estadista. Después de todo, los presidentes también merecen vacaciones y, en ocasiones, éstas debieran ser irrenunciables.